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El anochecer Madrid oscurece mientras tu sombra, cada vez más tenue, se va alargando hasta que lo inunda todo. Es entonces cuando la gente enciende sus velas para ver mejor. En cambio yo lo hago porque me asusta el ver el espacio que ganas en la soledad de la noche, en la oscuridad de tu ausencia, en el eco de mi llamada. Mientras juro no hablar de ello, vago a tientas por ti, deshaciendo camino, dejando que otros vivan la felicidad que antaño planeamos, que antaño olvidaste ... ¿Es que no lo ves? Te grito justo antes de caer rendido en mi lecho, y cierro los ojos atormentado entre pesadillas, encogido, temblando, mientras tu hielo se esparce por mis huesos, amenazando con llegar hasta mi mismo corazón, ese que dices gemelo, y que ahora late a contratiempo con el tuyo. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |