AVATARES DE UN PROYECTO LEGISLATIVO
(y breve historia hospitalaria anexa)
En Argentina, la Asamblea Legislativa, única Cámara de la Nación, en el día de la fecha, 27 de diciembre del año 20... , durante la última sesión ordinaria del período, luego de tratar y resolver sobre veintisiete proyectos de ley (algunos aprobados, otros vueltos a Comisión, otros rechazados), avanzaba con la iniciativa número veintiocho, de modificación parcial del Código Penal, en sus artículos 86 y 88. Acerca del inciso 2° del artículo 86, se proponía eliminar el párrafo: "... cometido sobre una mujer idiota o demente", y en el artículo 88 del Código Penal, se planteaba despenalizar a la mujer que se causara un aborto, quedando redactado de la siguiente manera: "No es punible la mujer que se causare su propio aborto, o consintiere que otro se lo causare".
En la Sala de Obstetricia y Ginecología del Hospital Zonal de Agudos..., en un sector de internación de cuatro camas, ocupadas por dos mujeres de mediana edad, una mujer mayor, y la última ocupada recientemente por una mujer joven, enferma muy grave, lo que se evidencia por la necesidad de aislamiento con un biombo, el oxígeno provisto continuamente por un tubo vestido de blanco, suero endovenoso y transfusión de sangre en sendas vías simultáneas, además de los drenajes inferiores, el movimiento constante a su alrededor de médicos y enfermeras, y el bip-bip del monitor, señalando las variaciones de los signos vitales.
Luego de la lectura del texto por parte del secretario, pidió seguidamente la palabra el diputado Ramírez, legislador por el partido Reformador Popular. El hombre, con palabras precisas, secas, cortantes, avanzó con un enfoque aparentemente imparcial; conocedor de las implicancias legales de la cuestión, terminó proponiendo no innovar, y devolver el proyecto a Comisión para que ésta analice su pase a archivo, o sea, un implícito rechazo.
De inmediato tomó la palabra la diputada Flores, por el partido Unión Progresista- una de las firmantes del proyecto- quien, luego de recriminarle al presidente de la Asamblea por no cederle en primer término la palabra como coautora de la propuesta, se extendió con lujo de detalles sobre la problemática social relacionada con tan espinoso tema; mencionó notas y discursos de experimentados médicos y prestigiosos profesores de Obstetricia y Ginecología, tanto actuales como de épocas pasadas pero aún vigentes. Insistió en aclarar el punto de que no se trataba de legalizar el aborto. Defendió con garra la postura de que: "frente al aborto, la mujer no es libre; que la mujer lo acepta con una terrible presión moral; que ella está indefensa en ese momento y se ve impulsada a actuar completamente desprotegida". Acto seguido y acerca del artículo 86, avanzó con la ponencia de que el producto de una violación no debía encuadrarse dentro de la paternidad responsable, y preguntó a la audiencia, con tono exaltado, si había alguien que conociera la causa por la que había que ser idiota o demente para poder acceder legalmente a un aborto por un embarazo consecuencia de una violación? "¿Algún hombre de los aquí presentes me lo puede explicar?", finalizó con un exabrupto.
Y los amplificadores de todo el recinto vibraron con tal requerimiento.
De improviso, se oyen ruidos desde la cama de la paciente aislada detrás del biombo. Una enfermera alerta a la otra, que acude presurosa para auxiliarla. Las tres mujeres acostadas observan en silencio el trabajo febril de éstas, al que se agregan varios médicos residentes. Se oyen solicitudes perentorias de medicamentos, entre otros, anticonvulsivantes, y alguien sugiere comunicarse con la Terapia Intensiva para plantear el traslado de la enferma.
Varias manos se levantaron, y se oyeron voces airadas solicitando la palabra a la presidencia. No faltó alguien que, sin estar registrado en la lista de oradores, comenzó a emitir improperios, evidentemente fastidiado con el tema y su complejo tratamiento. Ni bien volvió la serenidad al recinto, tomó la palabra el diputado Albarracín, del partido Conservador Auténtico, quien lisa y llanamente propuso el rechazo del proyecto, por no representar otra cosa que una astuta, maliciosa, y ladina punta del ovillo que, en un futuro, nos llevaría sin más trámite a la liberalización completa del aborto. Casuística de otros países no faltaba, y en realidad, lo que andaba escaseando por estos pagos era una mayor disciplina moral que impidiera que nos acercáramos al precipicio sin fondo a que nos tenía destinados este anarquizante y diabólico proyecto. Carraspeó antes de finalizar, pero no pudo evitar que un acceso agudo de tos espasmódica confiriera un estrepitoso epílogo a su disertación.
Luego de insistentes discusiones y forcejeos entre ambos Servicios, finalmente se decide derivar a la paciente a la Unidad de Cuidados Intensivos. El biombo es plegado en un abrir y cerrar de ojos; la enferma es elevada en vilo con la sábana y dispuesta en la camilla rodante con sus drenajes y vías endovenosas. Inmediatamente, el grupo parte raudo hacia el pasillo golpeando las puertas vaivén con la cabecera de la camilla, que va precedida por las voces exaltadas de médicos y enfermeras. Una vez que el ruido se apaga en el ascensor, vuelve la calma a la salita, donde las tres mujeres se observan sin atreverse a hablar, incorporadas en sus lechos, tensas aún por la escena presenciada.
Otra diputada tomó la palabra, refutando los argumentos del diputado que todavía no se recuperaba del acceso tusivo. Alegó que: "la penalidad que establece el artículo 88 lleva forzosamente a la clandestinidad, y cerca del 25% de los abortos clandestinos tienen complicaciones, y concurren tarde al Hospital por miedo a la denuncia, con hemorragias o infecciones severas, ocultando la causa del problema de base porque ese artículo condena sin piedad a la mujer. Se pierde así un tiempo valioso para hacer el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado. Esto provoca muchas muertes, principalmente en mujeres de escasos recursos, que deberían evitarse. Y esto no lo digo yo"- enfatizó a viva voz la señora diputada- "lo dicen profesores de alta escuela de Ginecología y Obstetricia de nuestras Universidades".
Al rato regresan las dos enfermeras a la sala, y comienzan a poner orden en el ambiente que rodeara a la joven paciente, retirando sábanas y restos de elementos usados, limpiando el suelo de gasas, vendas, plásticos, apósitos y objetos varios descartados.
Una de las mujeres de mediana edad pregunta: -¿Cómo está la chica? ¿Muy grave, no?
La enfermera más joven se vuelve y contesta: -Sí, está muy mal. Tiene una septicemia causada por un aborto infectado... Al principio creyeron que era una hepatitis, por el color ese, amarillo enfermizo, pero después, cuando la revisaron, surgió la verdad: ¡Se estaba pudriendo por dentro!
La otra mujer de mediana edad: - ¿De manera que un simple aborto puede llegar a ponerla a una así, tan grave?
La enfermera mayor: - Y...sí, muchas veces pasa sin complicaciones, pero el cuadro que provoca un aborto mal hecho, con la hemorragia, y peor aún, la infección, puede ser muy, pero muy serio... Y la pobrecita, si llega a zafar de ésta, encima se va a tener que comer la denuncia policial, que puede acarrearle hasta varios años de cárcel...
Inmediatamente fue resistida por otra intervención, la que, algo irónicamente arremetió: "Opino que la señoras legisladoras están algo desactualizadas respecto al tema que, según dicen, tanto les preocupa. Esas estadísticas que han mencionado son ya viejas, obsoletas, o fueron tomadas de otros países. Hoy día, los médicos aborteros, las comadronas y curanderos, recurren sin problemas al moderno arsenal terapéutico que les ofrece la farmacopea actual. Pues sepa la Honorable Asamblea que han surgido las "Prostaglandinas E2" o "Dinopostonas", que se expenden en comprimidos orales o vaginales, y cuya indicación especifica (o pantalla precisa mejor dicho), es inducir el parto. Pues los pícaros "adelantados" de siempre las usan durante los primeros meses del embarazo; relajan el cuello uterino y producen contracciones que provocan un "aborto espontáneo" que puede, entonces, finalizarse sin consecuencias legales ni riesgo de infecciones o hemorragias severas en cualquier Hospital público del país. A un precio realmente económico- creo que no sale más de 20 pesos la cajita- hecha la ley, hecha la trampa. No es necesario, señoras y señores, modificar el Código Penal. Estos artículos, hoy más que nunca, son letra muerta"- finalizó ovacionado por masculinos aplausos, matizados por algún silbido femenino.
Esta alocución obligó a otra autora del proyecto a tomar la palabra para llevar la discusión por carriles menos trillados, aunque no por ello utilizando argumentos más endebles que los vertidos anteriormente por sus socias. Terminó haciendo un alegato en contra de lo que denunciaba como una discriminación, ya que : "Este tema, señores diputados, representa una grave discriminación, proscripta en cualquiera de sus formas por nuestra Constitución Nacional. Discriminación hacia una clase específica de mujeres. Sí, señores diputados, aquí se está segregando a las mujeres de escasos medios, las que, en su mayoría, son las afectadas por la mortalidad materna. Porque, no nos engañemos ni seamos hipócritas. Las mujeres de medianos o altos recursos no tienen ningún problema para actuar en esta circunstancia, como decía recién el señor diputado. Acuden al médico adecuado, en la institución adecuada, abonan al contado el arancel adecuado, o compran las pastillitas y ...solucionado el asunto. Pero las que no tienen nada, o las de muy escasos medios, las que no alcanzan ni por casualidad a contar con esos 20 pesos que mencionaba recién nuestro actualizado diputado, y que son, desgraciadamente, cada vez más numerosas en este país; esas mujeres mal informadas y peor educadas en la profilaxis sexual, arriban con más frecuencia al embarazo no deseado, y deben acudir a la comadrona del barrio que dudo mucho conozca o tenga acceso a las Prostaglandinas E2, y actúa como siempre, siguiendo la milenaria escuela, con los graves riesgos que implica dicha intervención. Y entonces sucede lo que mi compañera diputada relató hace unos minutos".
La mujer mayor también interviene: - ¿Era soltera o casada la chica?
Enfermera joven: - Pare, doña, que todavía es, y sí, es casada y con dos hijos. Y tiene que ver lo bien que está el marido... Una linda familia.
Mujer mayor: -¿Y entonces?...
Enfermera mayor: -Entonces, seguro que no se cuidó, quedó y no lo quiso, y fue a parar a un lugar de esos, y vea cómo viene...
Enfermera joven: -Es que me parece que era ella la que salía a trabajar... Creo que él cuidaba los chicos, porque estaba desocupado... Y vos viste que en cualquier trabajo, si avisás que estás embarazada, lo primero que hacen es echarte, antes de que les llevés el certificado...
A lo largo de la sesión, podía percibirse que una clara división se había establecido casi naturalmente entre los miembros de la Cámara. Más allá de ideologías y banderías políticas, parecía que sólo las mujeres defenderían el proyecto, y el sexo masculino, por unanimidad, lo rechazaría.
Una de las pacientes de edad mediana: - En mis tiempos, y no hace mucho de esto, usábamos métodos naturales para no quedar, porque eso de hacerles poner un forro, era como pedirle peras al olmo...
Todas ríen, y la charla se hace más animada.
Otra paciente de edad mediana: - Sí, yo también usaba, y todavía uso métodos naturales, pero a veces vienen con tal urgencia, y sobre todo si están medio adobados y caen en mitad de la noche, te agarran cansada o durmiendo, y zas, ni cuenta te diste y ya estás gruesa de nuevo...
La enfermera joven: -Nada de eso; a mí no me agarran desprevenida ni loca, ni dormida, ni borracha. Ya les conozco las vueltas a los hombres, y sé perfectamente cuándo están por venirse...
Todas las pacientes, a coro: - ¿Y entonces?...
La enfermera joven: -Hay varias maneras de hacerlo que no sea adentro...- y levanta las cejas con un gesto de picardía-, y ustedes, seguro que conocen más de una...
En un momento determinado y siguiendo la lista de oradores, tomó la palabra el diputado Misterix, no se sabe en representación de qué partido político, quien hizo una muy breve intervención: "Señor presidente, tengo una observación, nada más, para hacer, y viene a ser, además, una moción de orden: Solicito que se vote, pero que sólo opinen ellas".
Luego de las risas, la mujer mayor solicita: -Sí, claro que algo sabemos, pero ¿podría hacernos conocer de su uso?
Enfermera joven:- Si lo prefieren... Yo, si él me agarra de apuro, y no tiene nada puesto ni yo tampoco, y siento que ya se viene...
Enfermera mayor: -Perdiste, nena...
Enfermera joven: -Nada de eso: Le bajo una mano, y le agarro de la base, allí donde empieza el miembro. Él se me pone contento y le brillan los ojitos, y se entusiasma más todavía, y ahí, cuando empieza a respirar entrecortado, con el jadeo, entonces le cierro la mano con fuerza, le aprieto bien...Él se hace el sorprendido, pero ya no puede parar, y ¡acaba dentro de sí mismo!
Todas las mujeres, a coro: -¡Nooo!
La enfermera joven: -Sí, les digo que es así. La lechita se le va para arriba, a la orina, y a una no le pasa ni una gotita. A veces él ni se da cuenta de lo que está sucediendo...
El silencio siguió a sus palabras. Era un silencio espeso, ominoso, que presagiaba una próxima tormenta.
-¿Qué quiere decir con eso el señor diputado?- se elevó una voz airada.
-¿Qué está insinuando el señor diputado?- acompañó otro con tono irascible. Y así siguieron las protestas, hasta que una voz femenina se alzó por sobre las masculinas solicitando:
-A ver... ¿cómo es eso que dice el señor diputado? Si puede ser más explícito, por favor...
Una paciente de mediana edad: -Yo prefiero tirarle la goma, y cuando se viene, le escondo la boca y lo hago acabar con la mano en una toalla...
La enfermera mayor: - Y si no, les das el gusto por atrás, que nunca te dicen que no... El asunto es que no te llenen la cocina de humo.
Risas.
La mujer mayor: -Que yo recuerde, y de eso no hace tanto tiempo- y las risas vuelven a generalizarse-, cuando mi finado marido, que Dios lo tenga en su gloria, o el diablo en sus cuernos- otra vez más risas - me buscaba, lo dejaba hacer, y después, cuando ya me había dado el gusto a mí (ah, sí, porque era siempre muy atento, en ese sentido, un caballero), lo acompañaba con la mano, con la boca, o de vez en cuando le permitía por atrás... y nunca jamás tuve que hacerme un aborto. Cuando a la final, ya de viejos volvimos a probar como al principio, ya se me había malacostumbrado y no había caso de hacerlo terminar como Dios manda...
Risas leves. Sonrisas.
Las enfermeras saludan y parten hacia otro sector de la Sala. Quedan las tres pacientes en silencio, sentadas en sus camas, esperando algo. El carro con la comida se acerca y ellas se preparan para recibirlo.
Cuando regresó el silencio al ámbito legislativo, el diputado Misterix volvió a hablar:
-Señor presidente. Yo he hecho una propuesta formal, breve, concisa, y en perfecto castellano. No entiendo la causa de la confusión que ha desatado. Quizá aquí podría aplicarse eso de que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Repito: He propuesto "que solamente opinen ellas", lo que significa que los hombres nos abstengamos en la votación, y que sean las señoras diputadas las que decidan por la aprobación o no del proyecto.
Aplausos y silbidos siguieron a tan curiosa propuesta. Había avanzado la noche, y ya habían transcurrido unos cuantos minutos del nuevo día cuando el diputado Misterix debió ampliar la explicación de su ponencia:
"Quinientos mil abortos (algunos elevan esa cifra por arriba del millón, debido al subregistro) frente a setecientos mil nacimientos anuales en nuestro país hablan de una realidad social que la sociedad no ha resuelto, ni parece atreverse a enfrentar con seriedad. Las muertes maternas derivadas de esta cuestión (de las cuales un 70% involucra a mujeres de clase baja, como bien se dijo anteriormente), representan un grave problema sanitario-social, esencialmente femenino. Que se sepa, no ha habido en la historia ninguna muerte por sepsis pos aborto del sexo masculino". Risas, gritos, silbidos, aplausos. Continuó:
"Pero el negocio ilegal que mueve cerca de ciento cincuenta millones de pesos anuales seguramente no deja ausente a este último". Más aplausos, gritos, silbidos. Siguió:
"Hasta la fecha, los códigos y leyes, dictados por nuestros órganos rectores, integrados hasta no hace mucho exclusivamente por hombres y todavía con abrumadora mayoría masculina, a las pruebas me remito -y con el brazo extendido hizo una amplia recorrida por el recinto-, han obligado a las mujeres a conducirse y actuar frente al aborto al margen de la ley, impulsadas muchas veces por un varón sin interés ni agallas para asumir su responsabilidad". Nuevamente gritos, aplausos, abucheos, silbidos, golpes de puño en las mesas y zapateos de todo tipo. Y el martillo del presidente intentando volver a la calma. El diputado Misterix elevó la voz y continuó:
"¿Hasta cuándo vamos a seguir creyéndonos tutores, regentes, amos o patrones del vientre femenino? ¿Con qué derecho los hombres opinamos y decidimos sobre algo tan íntimo, tan personal, y tan esencialmente femenino?"
"La hipocresía con que tratamos esta problemática es innegable, como lo es esa realidad que golpea a las mujeres frente a nuestra rígida, o en el mejor de los casos distraída mirada, desde lejanos tiempos, sin misericordia... ¿Quieren mejor ejemplo de actitud tramposa que la que nos dejó hace unos minutos el señor diputado, con su actualización farmacológica?" Más aplausos, gritos silbidos y golpes de zapatos contra el piso.
Por la tarde, la enfermera joven regresa a la salita para darles la medicación a las tres pacientes. Presenta el ceño fruncido y un gesto adusto en la boca que delata ansiedad y preocupación. Cuando una de ellas le pregunta por la mujer trasladada a Terapia Intensiva, la enfermera responde con un signo negativo: No había sobrevivido. El Síndrome de Mondor terminó devorándola sin misericordia...Ahora era un número más en las frías estadísticas de muerte materna.
"Entonces pregunto, Señor presidente, si no habrá llegado el tiempo en la Argentina de que sean ellas, las mujeres exclusivamente, quienes discutan y decidan sobre esta delicada cuestión". Nuevamente exclamaciones, abucheos, chiflidos, y también aplausos. Ahora sí, casi a voz en cuello:
"Creo que nosotros, por una inmemorial deuda de tolerancia, consideración y respeto hacia ellas -y que no se limita a este tema-deberíamos abstenernos de opinar, mucho menos decidir, al respecto. Aceptemos, entonces, una decisión mayoritaria o minoritaria, pero exclusivamente femenina. Nada más, Señor presidente".
Finalizada la votación, se realizó el recuento de votos por Secretaría que arrojó el siguiente resultado: "Una mayoría se abstuvo, y una minoría aprobó el proyecto."
Pero ese proyecto número veintiocho fue tratado precisamente el veintiocho de diciembre del corriente en las primeras horas de la madrugada, y el resultado expresado arriba, implicó sólo una broma de mal gusto del secretario del Honorable Cuerpo (*), quien, forzado por la estridencia desencadenada en el recinto a continuación de la lectura, debió corregir el recuento inmediatamente. Y entonces la realidad surgió inevitable: Por amplia mayoría el proyecto fue rechazado; una minoría había votado por su aprobación, y otra minoría, unipersonal, por una respetuosa abstención.
(*) Y que la inocencia les valga.
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