Que tal vez era mentira…
Yo buscaba tu cuello desnudo
y tú lo retorcías como lombriz
Tu piel corrugada con olor a Lauren
me invitaba a probarla, a rasgarla, y yo la beso
Todavía humedecida de tibio néctar celestial
se siente el cálido vapor de tus poros matutinos
Y las hojas de los árboles aún desean acariciarte,
mientras los grillos soplan cerezas que flotan en los charcos
Y la luz de los reflectores te ilumina los lívidos pómulos
que, ah, cómo me gustan en esta oscura madrugada
Aquí en la atmósfera de naturaleza injertada en la ciudad
se respira prohibición y persecución, pasión y seducción. |