Qué dirían los pintores,
si dibujas sus sonrisas,
si a pesar de tus penas, les avisas:
Vienen lluvias de acuarela.
Si en jardines y prados,
el verde acaba en la niebla,
y por no pintar blancos te tiñes de estrellas.
Querida, te tiñes de estrellas.
Qué dirían los cantores,
si tu trova les cobija,
si tu verso potente les lastima
refugiados en tu nombre.
Si la armonía escarlata
encuentra tu dulce boca,
que amenazante destroza realidades ajenas.
Querida, realidades ajenas.
Y qué dirían mis labios
si el deseo les lastima,
si tu vida vecina se hace esquiva.
¿Ves el vino en mis venas?
Si la fruta de mi árbol
se hace negra en el suelo,
porque tu vida, en el viento, ha partido un verso.
Un verso en mis besos.
Porque tu vida, mi vida, es icono de hierro.
Querida, icono de hierro. |