Tengo miedo, tengo mucho miedo. Nos trajeron estos soldados al regimiento que está a 50 kms. de Santiago.
Nos ubican al borde de una fosa hecha con una enorme retroescavadora.
Un coronel le indica, a un joven teniente, que nos apunte con la ametralladora de trípode con su larga correa de balas de grueso calibre.
El teniente no parecía un asesino, era como un soldado decente y con sentimientos, no creo que me vaya a matar.
Somos 12 "prisioneros" civiles y estoy cuarto en la fila contando desde adonde apunta esa metralla.
Pensé que los fusilamientos militares eran con varios fusileros, es extraño que manden a uno solo.
El teniente apunta al primero de nosotros y dispara su mortífero armatoste.
Al primer compañero que le llegaron las balas pareció que el cuerpo se le partía por la mitad y saltaba la sangre muy lejos... entonces apuntó al segundo y también lo cortó en dos partes, sus entrañas quedaban a la vista... con el tercero fue igual o peor y después venía yo.
Fue allí que el teniente grito: ¡ NO PUEDO MÁS!!! ¡¡NO PUEDO HACER ESTO !!!
Yo tenía los oídos zumbando con los estampidos y vi como ese soldado se alejó de la ametralladora caminando como sonámbulo.
Yo estaba vivo aun y contemplaba ese milagro, no sé que habrán sentido mis otros 8 compañeros... uno de ellos había gritado: "Viva Allende".
¿Qué podría pasar ahora?
Estábamos pálidos y los segundos latían en mi corazón.
El coronel dijo: "Este no fue a los cursos en Panamá"... "yo mismo terminaré con esto"
Este coronel era valiente y decidido, de modo que agarró la ametralladora y terminó su trabajo.
No alcancé a sentir dolor, fue como perder toda percepción. Los estampidos feroces se oían lejos y una intensa luz se hizo oscuridad eterna y fría. Era el bloqueo de todo contacto con el entorno. Nunca más hubo aire que respirar, ni siquiera la tierra se podía sentir...
Después se supo que taparon y apisonaron la tierra sobre los cuerpos.
El golpe de estado había sido hacía solo 3 días.
pocos años después, en la noche, cavaron el lugar, a cada cuerpo le amarraron un pedazo de riel de línea ferrea, para subirlos a los helicópteros y llevarlos al mar para dejarlos caer a 3 kms de la costa de Quintero.
El teniente mismo... el que solo mató a tres, fue quien contó parte de esto 31 años después.
Gracias a Dios que este episodio fue publicado en el diario "La Nación" de Chile 2.004. (La nación imprime 4.000 ejemplares, menos del 1% de la prensa chilena)
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