Esta mañana cuando juntos íbamos en el colectivo, así abrazados, mientras el día despuntaba en una esquina de la ciudad; y sin embargo ya como estando tan lejos el uno del otro, como anticipando esta fe de ratas al amor que me obliga a comenzar a explicarme esta absurda distancia que se teje entre mis ojos.
Y si acaso te dijera algo, como siempre ensayarías la sonrisa y el abrazo profundo que me estampa en tu pecho, repiendo que no es así, que aún te sorprendés como el primer día; sin embargo sabiendo, en lo hondo sabiendo, que el tiempo es una inclemente máquina que ha lamido tus días.
Y entonces callo, callo. Mientras bajo del colectivo y desde la vereda veo tu rostro en la ventanilla, que se aleja tristemente sonriendo.
Y también escribo porque no queda otra.
|