Eran tiempo difíciles y oscuros para la hegemonía.
Las tablillas con la dialéctica de los honorables ancianos fue respetada a raja tabla.
Aún así, el populacho enardecido, enarboló las banderas anárquicas; las federaciones se las 4v se hundieron en las aguas execrables de antiguas burocracias. Sus funcionarios abandonaron sus puestos...oscurecidos por la codicia, que prometían ciudades de poca monta.
Los jefes supremos de los dos tercios de la kr5, esbozados en sus tunicas turquesas huyeron; cuando vieron al gentío arremolinarse en los barrios de los Triemestricos.
Tarde o temprano, la verdad saldría a la luz. La ciudad de Rtreeyui había quedado expulsada de la alianza. La vida cómoda y sosegada, lentamente entraría en su fase final.
Las naves ovoides de los 11b surcaron las frías galaxias. En Rtreeyui, todo era caos y confusión. En los hostitales los enfermos fueron expulsado a su suerte...por las calles deambuladan seres raquiticos...con sondas goteantes de sangre.
Las escuelas fueron censuras. No tardaron las hordas en saquear los templos de los Doce del bronce. Las esfinges pintarrajadas; alumbraron con sus ojos blancos y grotescos, la noche incierta de la ciudad ya desierta... la fantasmagórica Rtreeyui, envuelta en un espiral de humo y fuego; fue convirtiéndose en una pastosidad blancuzca de hierros retorcidos.
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LA FUNDACION
La pequeña nave zx aterrizó en el séptimo asteroide del espacio de Madaka. El viaje sobre el mar viscoso del espacio había sido sosegado, sin grandes contratiempos.
El comandante Aurelis tomó nota de los censores. La densidad del oxigeno era la apropia.
Al abrir la claraboya, los fríos vientos del séptimo asteroide, despeinaron los canosos cabellos del comandante. Una nueva oportunidad, giraba vertiginosa en la ruleta del azar.
Los pocos sobrevienes de la llamante ciudad, rápidamente desplegaron sus materiales. El hierro liquido; como si de agua se tratase; fue moldeándose, conformando los futuros pabellones que, comenzaban a brillar bajo la purpúrea luz de las estrellas.
Con ayuda de los mudos y sordos mecanizados; las cúpulas de los altos edificios, ensombrecieron los rojizos rayos del sol de Madaka. Nuevas y laberínticas ciudades florecieron...una nueva cultura, hija de nuevas oportunidades, remisamente fue emergiendo de la barbarie.
Las escuelas abrieron sus puertas. Los templos laboriosamente forjados llamaron a sus fieles.
En las bibliotecas, los amanuenses; dejaban su huellas en las amarillentas paginas....una nueva historia comenzaba a gestarse en las desérticas soledades del espacio.
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Solamente, cuando cae la lluvia en las adoquinadas calles de la nueva ciudad, el comandante Aurelis se entristece....en su recuerdos orillan las palabras que, su abuelo alguna vez le leyó...
Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado...
Jorge Luis Borges
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