Sus pasos hicieron crujir la madera vieja del piso. Avanzaba con cautela, calculando la posición exacta del próximo paso, luego el otro. Temblaba de un miedo incierto, como el sentido durante el abrazo oscuro de la noche. Dudaba en acercarse y yo en seguir mirándolo. Observe su rostro asustado durante el flashazo instantáneo del rayo colado en mi ventana.. Por instinto cubrí mi rostro con la cobija de la cama y rogué que terminara. Desperté por el frió húmedo entre mis piernas. Así lo recordaba....
Me levanto por la gota de sudor helado recorriendo mi espina dorsal.- Solo fue un sueño- me repito para intentar calmarme sin distinguir que fuese peor, si la realidad o el sueño. Hubiera preferido encontrarme realmente frente a ese niño diminuto, llorando suplicas, revuelto en cobijas orinadas y no haberlo soñado. Es imposible haber roto la línea del tiempo onírico. Es imposible que el sueño se repitiese dos veces, en dos tiempos distintos observando en cada cual un futuro y un pasado exacto. Haber compartido un mismo sueño en dos realidades, o viceversa.
Sigo temblando como hacia tantos años no, prendo el primer cigarrillo del día y me limpio el rastro salado que dejo una lagrima antigua, tan fresca aún.
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