Cáp. 1 – Las señales malditas.
Era una época de guerras entre magos y hechiceros. Todos ellos se disputaban el poder absoluto, un poder con el cual podrían dominar todo en universo a su voluntad, pues el mago más poderoso de todos, el que en ese momento controlaba el universo entero, le quedaba poco tiempo de vida.
Este mago se llamaba Orquidemus. Orquidemus tenía un hijo, el cual no consiguió obtener poderes mágicos, porque era medio mago medio humano, pues su madre era humana y esa parte se apoderó de su alma, impidiendo que la parte mágica saliera al exterior. El padre, desesperado, no le quedó otro remedio que hacer un hechizo con su propio hijo, para que este pudiera tener poderes y llegado el día en que el padre muriese, el hijo gobernara en su lugar.
El hechizo era muy complicado y requería unos poderes grandísimos. Tenía que recitar unas palabras que había en un libro, un libro al cual todos los magos, hechiceros y otros seres de aquel universo llamaban “El libro de la oscuridad”. Contenía todo tipo de hechizos, pociones y demás cosas relacionadas con la magia, pero pocos seres podían utilizarlo, pues estaba escrito en la lengua de los Ancestros una lengua que se perdió en el tiempo, y que tras muchos años de estudio algunos magos y seres, consiguieron descifrar. Después de recitar aquellas palabras, tenia que dibujar en la frente del niño un símbolo, el cual representaba al planeta plutón, un planeta en el cual se descubrieron los poderes de la magia, todos los hechizos y en aquellos tiempos, era uno de los planetas más poderosos, pues se decía que cada planeta poseía su propia fuerza y su propio espíritu.
Pero no iba a salir todo como el padre quería, aunque fuese el mago más poderoso, aunque conociera todos los secretos de la magia, e incluso algunos más que eran desconocidos por casi todo el mundo, un pequeño fallo, un pequeñísimo descuido, convirtió al hijo, un pequeño niño de buen corazón, en un ser despreciable y vanidoso, que maltrataba a todo ser inferior a él, pues al recitar las palabras mágicas para hacer el hechizo confundió, la palabra vida con muerte.
El padre, Orquidemus, no sabía que hacer, convirtió a su único hijo, en un monstruo. Orquidemus, incluso siendo el mago más poderoso de todo el universo, no le quedó más remedio que matar a su hijo, pues no existía ningún tipo de hechizo ni de poción para invertir lo que había hecho.
Devorado por la tristeza, la amargura de haber tenido que matar a su único hijo, la rabia le pudo e hizo otro hechizo, pero este no sería para el bien de nadie si no, al contrario, para que otros seres, fuesen de la raza que fuesen, sufrieran tanto como el estaba sufriendo en aquel momento.
Abrió El libro de la oscuridad y acto seguido dijo estas palabras:
“Siento pena, pena de haber querido, pena de haber sufrido, tu que en cualquier momento apareces, sin motivo ni razón, haz que la gente sufra, como lo estoy haciendo yo, que tu poder les controle y que los mate de dolor.”
Pero este hechizo requería un esfuerzo y un poder demasiado grande y Orquidemus, en aquel momento, no tenia fuerzas para hacer un hechizo de tal poder, pues ya había utilizado gran parte de su magia para hacer que su hijo obtuviera sus poderes, así que el mismo hechizo, le quito la vida a Orquidemus, quedando, desde aquel momento, el universo maldito.
Desgraciadamente aquellos hechos no quedarían en secreto. Un sirviente, mentiroso y avaricioso, estuvo espiándole, y cuando vio que su señor había muerto, corrió a contar lo sucedido… pero todo esfuerzo por hacer que le creyeran fue inútil, pues nadie, absolutamente nadie de aquel planeta le creyó.
La Historia llegó a oídos de Kreijar, un hechicero, que al igual que Orquidemus, era muy poderoso, pero nunca logró superarle.
Kreijar se dirigió a la habitación de Orquidemus y robó “El libro de la oscuridad” para utilizar el hechizo que había hecho Orquidemus.
La diferencia era que Kreijar no tenía hijos, e hizo el hechizo consigo mismo, para obtener más poderes de los que tenía. Pero, como bien sabéis, el libro estaba escrito en la lengua de los Ancestros, y Kreijar sabía descifrarla hasta cierto punto, pero cometió el error de, en vez de dibujar la señal del planeta plutón, dibujó la del planeta neptuno. Neptuno, en aquel tiempo, era llamado “el planeta de la muerte”, pues era un planeta oscuro, casi deshabitado y con apenas poder, y en vez de dibujar la señal en la frente, la dibujó en la palma de la mano derecha, porque confundió las palabras frente con mano.
Al cometer esos errores, Kreijar murió, pues unos errores de aquel tamaño, no podían traer nada bueno y lo que nadie se esperaba es que la maldición de Orquidemus se unió con el error de Kreijar, y desde aquel mismo instante, dos seres de alma pura, serian perturbados por un poder oscuro. Al saberse aquellos hechos, uno de los magos mas sabios, decidió que cada planeta estaría protegido por un ser, un ser al que llamo “Ángel Guardián” y así fue como el universo quedó dividido y controlado por distintos seres, los cuales controlaban cada uno de los planetas de aquel universo.
El Hechizo de Orquidemus fue provocando la muerte a muchos niños, los cuales habían nacido con la señal del Planeta plutón, y sabiendo que tenían poderes, los utilizaron para hacer el mal, pero los pocos que consiguieron utilizarlos para hacer el bien, fueron asesinados, por miedo a que se volvieran malvados… Pasado el tiempo, esta regla se rompería y algo más pasaría…
Pero aquellos hechos que nunca debieron ser olvidados, se perdieron en el tiempo. La historia se convirtió en leyenda, la leyenda en mito y aquel mito, con el tiempo, fue olvidado.
Cáp. 2 – Dos historias, un mismo destino.
No hará mucho tiempo que nació una pequeña niña, tan bonita como el sol, con los ojos verdes como esmeraldas y el pelo castaño y muy brillante, pero nadie se explicaba como podía ser que esa niña tuviera ese símbolo en la frente, pues la historia de Orquidemus se perdió en el tiempo, como viajero que pasa y nunca más vuelve a ser visto.
A los padres de la niña, no les importó que esta naciera con aquel extraño símbolo, pues era el primer hijo que tenían, y tanto como si era gordo, alto, delgado o bajo le iban a querer igual. A esa niña la llamaron Mianko, que significaba, “de gran poder”.
Pero algo más pasó, un niño más nació. Este niño era distinto a ella, pues el símbolo que tendría que haber llevado en la frente, lo llevaba en la palma de la mano derecha y no era igual al de Mianko. Su símbolo representaba al planeta neptuno, justamente el mismo símbolo que pinto Kreijar en su mano. Pero resulta, que aquellas leyendas se olvidaron con el tiempo, y nadie sabía porque aquel niño tenía ese extraño símbolo en la mano.
Tenia los ojos marrones y el pelo castaño oscuro, se podría decir que el y Mianko eran bastante parecidos.
Los padres no le dieron mucha importancia a aquella marca, pensaron que un simple dibujo en la palma del niño, con el tiempo se iría y no le dieron más importancia al asunto. A ese niño lo llamaron Minamino, que significaba “único”.
Estos dos niños, a pesar de ser tan parecidos en algunos aspectos, no nacieron en el mismo país, ni en uno cercano, al contrario, nacieron en países muy muy lejanos, pero tarde o temprano, por alguna razón que ellos desconocían, el destino les acabaría uniendo.
Ambos tenían unos sueños muy extraños, pues al tener los dos un signo, había algo o alguien que les hacia soñar el uno con el otro, para que llegado el día que se encontraran, sintieran, que de alguna manera, de algún modo, estaban unidos en el interior.
Pasó el tiempo. Una tarde, Mianko decidió ir a dar una vuelta. Fue paseando por un bosque que había cerca donde vivía ella.
Toda esa naturaleza a ella le relajaba mucho, se sentía como si estuviera en otro mundo, rodeada de felicidad. De repente notó como si alguien la siguiera. Empezó a acelerar el paso, sentía miradas a su alrededor, un chico apareció por delante y acto seguido salieron otros tres por detrás. Ella intentó escaparse, pero entre los cuatro chicos la cogieron y la intentaron violar, pero antes de que hicieran nada, algo extraño pasó. El signo que tenía en la frente empezó a brillar, sin explicación alguna, sintió que en su cuerpo había otra persona, otro ser que la impulsaba a luchar, estuvo a punto de matar a uno de esos chicos, pero gracias a que logró controlar su cuerpo a tiempo, no ocurrió nada. Mianko se quedó parada sin saber que hacer, y aquellos chicos salieron corriendo como pudieron. Cuando por fin logró reaccionar lo primero que dijo fue…
¡Que me ha pasado! ¿¡Que he hecho!? - Repitió asustada –
Decidió no contar nada a nadie sobre lo que había pasado, pues pensó, que de alguna manera, esos hechos podrían perjudicarla, pero desde aquel día su vida cambió por completo.
Minamino, no se puede decir que fuese un ejemplo a seguir, si no, más bien un gamberro hecho y derecho. Siempre estaba haciendo gracias en clase, o molestando a sus compañeros. Un día mientras hacían clase con el tutor…
Bueno, estamos en el tema 12, el cuerpo humano – dijo el profesor - ¿alguien podría decirme lo que es una célula? – preguntó –
- Nadie levanta la mano, todos se quedaron callados -
Bueno que ¿nadie lo sabe? – siguió insistiendo –
¿Pero no ves que nadie responde? Entonces ¿para que vuelves a preguntar? – Dijo Minamino –
– Todos los alumnos ríen en flojito –
Se supone que, si nadie levanta la mano y nadie dice nada, es que no saben la respuesta, es de lógica – Añadió –
- Al profesor, enfadado, no le quedó más remedio que expulsarle de clase. -
Al finalizar todas las clases, Minamino, cogió otro camino distinto para ir a su casa y se fue dando un paseo. Al llegar a una especie de explanada, que solía estar vacía, tres chicos le pararon.
¡¡Ey Tú!! Minamino ¿es así como te llamas no? - preguntó uno de ellos -
Si, así es - Le respondió el -
Pues fíjate que, a mi ese nombre me parece de marica - Añadió uno de ellos -
Pues que te parezca lo que a ti te de la gana, me largo. No tengo porque seguir escuchándote.
Espérate un momento, a mi nadie me contesta -Dijo uno de ellos enfadado -
Yo hago lo que me da la gana, cuando me da la gana y si me da la gana, y te responderé tantas veces como sea necesario -respondió Minamino con chulería y con una sonrisa irónica en la cara -
Te la estas jugando… No me tientes…
Y según tú… ¿Qué me estoy jugando? ¿Intentas darme algún tipo de miedo? Porque, que sepas que no me lo das…
Se me esta acabando la paciencia niñato.
¿Paciencia? No imaginaba que fueras tan culto, ni que llegaras a tanto nivel de inteligencia – Dijo mientras soltaba una pequeña risa –
Tras decir eso, los tres chicos se lazaron sobre el, dos de ellos le agarraron, y el otro le empezó a pegar. Minamino estaba a punto de quedarse inconsciente, pero antes de que pudieran pegarle otra vez más, a Minamino le empezó a brillar la mano, su cuerpo empezó a reaccionar solo, sin que el hiciera nada, era como si alguien le controlara. Se soltó de los dos que le cogían, tirándolos al suelo y le dio tal puñetazo al que le había estado pegando que no le quedaron mas ganas de seguir peleando y los tres salieron corriendo como alma que lleva el diablo.
Minamino se quedó tan sorprendido de lo que había pasado, que no sabía como reaccionar. Se quedó un par de horas en aquel descampado, pensando en lo que había pasado y porque su signo había empezado a brillar, sin explicación alguna.
Desde aquel día los dos decidieron practicar algún deporte de lucha, por si algún día se volvían a repetir aquellos casos, que pudieran defenderse por si solos, pero lo que era curioso es que los dos, pensándolo mucho tiempo, acabaron escogiendo el mismo deporte, las artes marciales.
Cáp.3 – Karin, mi Ángel Guardián.
Pasó el tiempo, y al final Mianko decidió contarle a su madre que una vez, unos chicos, estuvieron a punto de violarla, pero no le contó toda la verdad. En vez de decirle que el símbolo de su frente había empezado a brillar, que les pegó a todos y que casi mata a uno de ellos, le contó que un chico que pasaba por allí la defendió y que gracias a el, no le pasó nada.
Ya había pasado, más o menos, un año desde aquellos sucesos, y cada entrenamiento que pasaba, ellos se hacían más fuertes, y las posibilidades de que sus poderes se manifestaran, eran cada día más grandes, pero ellos no sabían nada de esos poderes, todo tenía que llegar a su debido tiempo.
Un día, cuando Mianko ya había terminado las clases de entrenamiento, decidió quedarse un poco más, porque quería practicar unas técnicas que aún no dominaba. Empezó a entrenar y mientras hacía una de las técnicas, que consistía en hacer un movimiento de puños, que todavía no dominaba. Misteriosamente, el signo que llevaba en la frente empezó a brillar y mientras hacía un golpe con el puño y una bola de energía salió de ese mismo. De milagro no se cargó medio gimnasio, si no llega a ser, porque el puño estaba orientado hacia una ventana que, justamente estaba abierta.
Desde aquel momento decidió entrenarse día y noche, para ver si de esta manera conseguía volver a lanzar aquella bola de energía o algo que se le pareciera.
Y así fue pasando el tiempo, su poder se hacía cada día más y más grande, hasta que una noche, dado que su poder era enorme, se convirtió en una persona completamente distinta. Una bola luminosa la envolvió, y al desaparecer esa bola, ella era una persona distinta, pero solo de aspecto, porque de mente seguía siendo la misma.
Mianko… - se oyó una voz que venia de muy lejos, pero era una voz dulce y tranquilizante, parecía ser de mujer –
Mianko, ¿me oyes? - repitió aquella voz tan dulce –
Mianko empezó a ponerse nerviosa, mirando a todas partes para saber de donde salía aquella voz y de quien era.
¿Quién eres? ¿Dónde estas? Deja que te vea la cara - grito asustada -
Yo soy tu, soy parte de la persona en la que te acabas de convertir.
Mianko no entendió muy bien lo que quiso decir con aquellas palabras, pero su primer instinto fue ir corriendo a los vestuarios para mirarse en un espejo y ver que quería decir con eso de “soy parte de la persona en la que te acabas de convertir”.
Para su sorpresa, se miró y vio que no era ella, que tenia un aspecto distinto.
Est… ¿esta eres tú? – pregunto Mianko mientras intentaba tocar su rostro en el espejo -
Acto seguido, una especie de sombra salió del cuerpo de Mianko, devolviendo a Mianko a su aspecto original.
Esta soy yo – Dijo aquella sombra, que mas que una sombra, parecía un alma –
Mianko se quedó mirándola asombrada, sin saber que hacer. Fue tan grande su impresión, que dio un grito enorme, pero gracias a Dios, tuvo la suerte de que nadie la escuchó.
No grites, tranquila. No tienes nada de que temer, no te aré daño.
¿¡Y tu quien puñetas eres!? - Pregunto Mianko al borde de un ataque de nervios –
Ya te lo he dicho antes, yo soy tu, y tú eres yo, solo que ahora estamos separadas. – Dijo aquella alma -
¿Me puedes explicar una cosa? ¿Cómo es que he cambiado de aspecto? – Preguntó Mianko intrigada -
Ahora eres como antes, has vuelto a ser como eras.
Se acerca al espejo y ve, con cara de asombro, que es como antes.
Yo soy el poder que llevas dentro ¿Nadie te ha contado porque llevas esa señal en la frente?
No, nadie… - respondió casi sin habla de la impresión -
Pues mira, hace mucho tiempo, un hechicero le hizo un conjuro a su propio hijo, porque este no podía conseguir sus poderes. Le creó un signo, como el que tu llevas en la frente, para que llegada cierta edad, pudiera desarrollar algún poder, si es que lo tenía. El padre, al hacer el hechizo, cometió el error de confundir la palabra vida con muerte. El niño obtuvo los poderes, pero a partir de aquel momento se volvió un ser malvado y avaricioso, que maltrataba a todo ser inferior a el.
Su padre, un hombre justo y de buen corazón, no tuvo más remedio que matar a su propio hijo, ya que no existía ninguna poción ni otro hechizo para invertir lo sucedido. Así que eso fue lo que hizo. Devorado por la rabia y la tristeza de haber tenido que matar a su único hijo, hizo otro hechizo, pero ese hechizo fue para que otros seres, elegidos al azar, cuando tuvieran hijos, estos nacieran con esa señal en la frente y ellos mismos decidieran hacer lo que quisieran con sus poderes. La mayoría de ellos los utilizaron para hacer el mal, pero los pocos que consiguieron utilizarla para hacer el bien, fueron asesinados por miedo a que se revelaran contra otra gente. De ahí a que tú tengas poderes. Se podría decir que eres la elegida de otros tantos que ya han salido.
Ah!! Y a los demás… ¿Qué les pasó? - preguntó con voz temblorosa -
Ya te lo he dicho, muchos, al conseguir los poderes, los utilizaron para hacer el mal, y los que consiguieron utilizarlos para el bien, fueron asesinados por miedo. – Repitió -
¿Y como es que yo no sabía nada de toda esa historia? – pregunto intrigada -
Se ve que nadie creyó a la única persona que presenció aquellos hechos, y aquella historia, con el tiempo, fue olvidada.
¿Y de que me sirve a mi tal poder? – Pregunto Mianko con un tono de inquietud y curiosidad -
Pues con ellos puedes hacer lo que quieras, tanto el bien, como por el contrario el mal. Yo ahora soy tu guía, se podría decir que soy la mitad de un “Ángel Guardián” y cuando me uno a ti, somos un “Ángel Guardián” completo en cuerpo y alma.
¿Ángel Guardián? ¿Qué es eso? – pregunto Mianko –
A ver… mira, antes de que pasara todo aquello, el universo estaba controlado por un solo mago, el mismo que mató a su propio hijo. Al morir, el resto de magos y hechiceros, querían conseguir el poder absoluto, un poder con el cual podrían dominar el universo, pero un mago del consejo de los “Sabios” dijo que, desde aquel momento, el universo quedaría dividido. Cada planeta estaría controlado por un “Ángel Guardián” que protegería aquel planeta con su vida si era necesario.
Al acabar de explicárselo, se quedó pensativa, pues no sabia como es que un “Ángel Guardián” tenia aquel signo, era la primera vez que lo veía, pues el elegido como “Ángel Guardián”, era el encargado de evitar que los seres nacidos con aquella señal, destruyeran el planeta. Se quedó callada y no le dijo nada…
Ah! Vale. Es decir, que tú y yo, somos las protectoras de este planeta ¿no?
Así es – contestó –
Por cierto, ¿tú tienes nombre? – pregunto Mianko –
Si, me llamo Karin, que significa “protectora”. Por cierto, se me olvidaba decírtelo, cuando quieras utilizar los poderes, tendrás que llamarme diciendo:
"Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, Karin, tu que ocultas el poder de aquellos que lo consiguieron, aquí estoy para rogarte, para jurarte lealtad, por tu poder y el mío ¡Ven a mi yo te invoco!"
Mmmmm… Creo que no me acaba de convencer… - Dijo Mianko –
¿Cómo que no te acaba de convencer? ¿Pero que estas diciendo?
Pues eso, no me acaba de gustar lo que tengo que decir, queda muy… ¿Cómo te lo diría?... diabólico. – Dijo poniendo caras raras -
- A Karin le empezaron a caer gotas de la cabeza y mira a Mianko de forma rara y de pocos amigos –
¿Me dirás que a ti te gusta eso? – Pregunta Mianko mientras se gira para mirar a Karin. Al ver la cara que tenía Karin, retiró lo dicho –
Eeeemmmmm… estoooo… bueno, si lo miro bien, pero que muy bien, en el fondo no queda tan mal…- Dijo mientras tragaba con dificultad -
¡Aaayy por Dios!... Bueno, déjalo estar. ¿Ya te lo has aprendido?
¿El que? – Preguntó Mianko –
¡¡LO QUE TIENES QUE DECIR PARA INVOCARME!! – Karin estaba al borde de un ataque de nervios, o mejor dicho, ya lo estaba –
De repente, Mianko mete la mano en uno de sus bolsillos y saca un papel, se lo enseña a Karin mientras dice:
¿Ves? Así no se me olvidará… a no ser que pierda el papel, aunque si lo pierdo puede ser que me lo sepa y pueda apuntarlo otra vez, para que no se me olvide, pero ¿si lo pierdo y lo olvido? Aunque si procuro no perderlo, lo más seguro es que no se me olvide, pero hay muchas posibilidades de que no suceda nada de todo lo que he dicho. Mi madre siempre me dice que mas vale prevenir que curar, así que…
¡¡PARA YAA!!... Madre santa, que paciencia hay que tener… - Dice Karin con varias gotas en la cabeza –
Vale, vale, tranquila. Hay que ver como se pone la gente por nada…
¿Decías? – Pregunta Karin y mira de forma rara a Mianko –
Que hay que ver que cosas propone la gente – Responde Mianko mientras suelta una pequeña risa –
Por cierto – Dice Mianko - ¿Qué pasaría si yo te invocara?
Pues que yo acudiría a tu llamada, me uniría a ti y formaríamos un “Ángel Guardián” como te he explicado antes.
¿Igual que lo que ha pasado antes? – Pregunta Mianko –
Si, lo mismo.
Pero, ¿Por qué necesito llamarte para que te unas a mí?
Pues mira, para que lo entiendas te diré que, tú tienes la fuerza y yo el poder. La una sin la otra, no podemos hacer nada.
¡Que Guay! – Dijo mientras pensaba en lo que había dicho, “tú tienes la fuerza y yo el poder” –
Bueno, yo tengo que irme ya, no valla a ser que llegue alguien y me vea.
Bueno, vale. Si te necesito, te invoco ¿no es así? – preguntó Mianko –
Si, así es. Pero ten en cuenta, que yo puedo aparecer cuando quiera sin que tú me hayas invocado. – Explicó Karin –
Ah! Vale.
¡Adiós! – Y Karin desapareció –
Nada mas irse Karin, a Mianko se le formó una sonrisa irónica en la cara, metió la mano en el bolsillo, sacó el papel y dijo:
"Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, Karin, tu que ocultas el poder de aquellos que lo consiguieron, aquí estoy para rogarte, para jurarte lealtad, por tu poder y el mío ¡Ven a mi yo te invoco!"
Un círculo mágico envolvió a Mianko. Al desaparecer, Mianko se había convertido en una persona completamente distinta.
Llevaba una maya blanca, sin mangas, con el dibujo de un rombo rojo y brillante a la altura del pecho, una falda corta, que por los lados estaba abierta mediante una raja. El borde de la falda era del mismo color que el rombo. También llevaba unas botas a la altura de las rodillas que, al igual que la falda, el borde de arriba, era del mismo color que el rombo y unos guantes que tenían los dedos al descubierto, le llegaban hasta los codos, y al igual que las botas tenía los bordes de color rojo brillante.
El pelo le había crecido, llevaba flequillo y dos coletas altas a los lados, para que cuando luchara, no le molestase.
El signo le brillaba más que nunca y se sentía llena de poder.
¡¡A LAA!! ¡¡QUE PASADA!! – Gritó Mianko, mientras oía una voz por dentro que le hablaba –
¿Cómo que, que pasada? – Preguntó Karin intrigada –
Que no sabía que pasaría si te invocaba y ahora que lo he hecho, he descubierto que es una pasada.
Mianko, ¿que te he dicho antes de irme?
- Mianko pone una cara rara – Que solo podía invocarte si era necesario. – Dice con un tono irónico –
Bueno, no vuelvas a hacerlo ¿vale? Solamente si es necesario, para nada más.
Vale. De cuerdo.
Ahora pensareis que le tiene que pasar lo mismo a Minamino, pero no fue así. A el no le pasó nada de esto pues, a diferencia de Mianko, Minamino no estaba preparado para conseguir todo el poder que “alguien” le otorgaba, así que el destino decidió que a el, no le pasara nada.
Minamino seguía entrenando, cada día con más esmero y entusiasmo. Dejo de ser el típico graciosillo de la clase desde aquel incidente, pues se dio cuenta de que por aquel camino no iba a ninguna parte y que el único que salía perjudicado, era el.
Ahora se podría decir que era uno de los mejores estudiantes de su clase. Su vida había dado un giro enorme, pero tarde o temprano volvería a dar otro giro, todavía más grande.
Cáp.4 – La verdad ante sus ojos.
Cuando los dos cumplían 16 años, Mianko ya estaba más que especializada en proteger a las personas de su mundo, fuesen de la parte que fuesen, ella siempre estaba cerca para ayudarles, era como si tuviera un sexto sentido, que le permitía saber si alguien estaba en apuros.
Minamino, por el contrarío, no había conseguido los poderes, pues se ve que aún no estaba preparado para conseguirlos, o que no tenía suficiente fuerza para dominar el poder que tenía dentro.
Un día, Minamino, decidió irse de su ciudad, a visitar a su tía, o mejor dicho, a quedarse a vivir con ella durante un largo tiempo, pues se le había muerto el marido, y en esos momentos, su tía, vivía sola en una casa inmensa y decidió ir a hacerle compañía. También había otra razón, y es que le habían contado que una chica, con un símbolo en la frente, parecido al suyo, protegía esa ciudad y a la gente que vivía en ella. Así que llegado el momento, hizo las maletas, lo recogió todo y se fue a la ciudad, con el fin de poder encontrar a esa chica tan misteriosa.
Tardó unos 4 días en llegar a la ciudad, pues su tía vivía muy lejos.
Cuando por fin llego, se instaló en casa de su tía. Esta le comento como eran varios colegios, para que el decidiera a cual quería ir. Al final se decidió por uno que se llamaba “School Greinda” ya que ese nombre le recordaba algo familiar. Se podría decir que en uno de sus sueños relacionados con Mianko, vio la entrada de ese colegio. Pero lo curioso no era eso, si no que era el mismo colegio al que iba Mianko y además, le toco en la misma clase y sentarse al lado de ella. El destino quiso unirles, o tal vez, alguien quiso que se encontraran.
Pero no todo sería tan fácil como parecía. Había alguien, un chico que fue enviado desde lo más lejano del universo, para que Mianko y Minamino, no llegaran a conseguir sus poderes, o al menos intentar que no se hicieran muy amigos. Lo que el no sabía era que Mianko ya había conseguido sus poderes, pensaba que la chica que protegía a esa ciudad era otra persona enviada de otro lugar. Este chico se llamaba Tetsuo. A simple vista parecía un chico encantador, que lo daba todo por sus amigos, pero en realidad, era el ser más despreciable de todo el universo. Por eso fue el encargado de esa misión, Impedir que el Ángel Guardián venciera al mal, otra vez.
Pasó el tiempo, Tetsuo no pudo impedir que Mianko y Minamino se hicieran muy buenos amigos, ya que ellos eran muy parecidos en algunos aspectos. Entre ellos dos no había ningún tipo de secreto, eso hacía que su amistad se mantuviera firme. El único secreto que había, era el de Mianko. Ella nunca se atrevió a contárselo y se lo guardo. Pero Minamino no tardaría en enterarse, de que su apreciada amiga era… distinta.
Un día, al acabar las clases, Mianko y Minamino decidieron irse juntos a casa, dando un pequeño paseo por un parque que había cerca del colegio.
Cuando llegaron a aquel parque, se quedaron un rato para hablar. Estaba atardeciendo. De repente una extraña brisa empezó a soplar.
Ellos dos notaron que algo extraño pasaba. Aquella brisa empezó a ser cada vez, más y más fuerte, creando una especie de niebla que les impedía ver lo que pasaba. De repente unas extrañas sombras empezaron a salir de aquella niebla destruyendo todo lo que encontraban, lo que ellos no sabían era, que aquellas sombras las creaba Tetsuo.
Mianko y Minamino se defendían como podían, ya que ellos estaban especializados en luchas de cuerpo a cuerpo. Mianko sabía que tenía que transformarse, pero no quería hacerlo porque si lo hacía Minamino descubriría su gran secreto y eso implicaría perder su amistad, pero si no se transformaba corría el riesgo de que aquellas extrañas sombras, llegaran a matar a alguien.
La elección estaba en sus manos, cuando por fin…
“Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, Karin, tu que ocultas el poder de aquellos que lo consiguieron, aquí estoy para rogarte, para jurarte lealtad, por tu poder y el mío ¡Ven a mi yo te invoco!”
El círculo mágico envolvió a Mianko. Cuando desapareció el círculo, Minamino no se podía creer lo que estaba viendo, la persona a la que más apreciaba, se había convertido en otra, muy distinta.
Mianko se defendió como pudo. Tenía que descubrir el origen de aquellas sombras tan extrañas. Por fin logró descubrir de donde procedían. Mianko pronuncio estas palabras:
“Tú tienes el poder y yo la fuerza… ¡¡Espíritu de fuego!!”
El símbolo de la frente empezó a brillar. Juntó sus manos y a medida que las iba abriendo se iba creando una bola de fuego. La lanzo en medio de toda aquella niebla y todas aquellas sombras desaparecieron al instante.
Cuando Mianko volvió a ser normal, vio con que cara la estaba mirando Minamino. Su mirada reflejaba decepción, pero la expresión de su cara, reflejaba sorpresa.
Mianko no pudo soportar esa mirada y se fue corriendo.
Al día siguiente en el colegio, ninguno de los dos se dirigía la palabra e incluso Mianko, intentaba evitarle porque no quería hablar con el sobre lo que pasó, y porque no quería volver a ver aquella mirada de decepción.
Cáp. 5 – Kore, Ángel de la Oscuridad.
Pasaron los días. Mianko no se había dignado a hablar con el. Tenía miedo a que uno de los dos sacara el tema y que por culpa de eso tuvieran una discusión y no se volvieran a hablar. Minamino, por el contrario, intentaba hablar con ella, pero cada vez que se decidía a hacerlo, se echaba atrás por miedo a que ella le rechazara. Preferían dejar las cosas como estaban a hablar del tema y perderse el uno al otro.
Mientras tanto, Tetsuo parecía que disfrutaba viéndolos sufrir de aquella manera. Era una parte de lo que el había querido conseguir desde un principio, pero no había tenido ni que mover un dedo para separarlos. No sabía el porque de que no se hablaran, pero tampoco le importaba. Pero no todo acaba siempre como uno quiere, con un simple gesto alguien podría cambiar la vida de Mianko y Minamino o simplemente, que ellos se arriesgaran a hablar y lo arreglaran.
Tetsuo seguía sin saber que Mianko era la protectora de aquel planeta, pues nunca se había preocupado en pensar que Mianko podría serlo.
Pasaron cuatro meses y ninguno de los dos se había dignado a hablar al otro. Ese mismo día, para bien o para mal, algo cambiaría sus vidas.
Al terminar las clases, los dos se dirigieron a sus casas como hacían cada día.
Minamino decidió pasar por delante de aquel parque en el que habó por última vez con Mianko y pensar en todo lo que les había pasado. Curiosamente Mianko también quiso pasar por allí, pero ella decidió no quedarse. Al pasar por allí, vio a Minamino sentado, con una mirada pensativa y triste, pero el no la vio.
Al llegar a su casa, Mianko sintió un escalofrío, el mismo escalofrío que siente cuando algo va mal. Salió de su casa corriendo, se dirigió al lugar donde ella sentía que pasaba algo malo.
Antes de llegar al lugar se escondió y dijo:
“Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, Karin, tu que ocultas el poder de aquellos que lo consiguieron, aquí estoy para rogarte, para jurarte lealtad, por tu poder y el mío ¡Ven a mi yo te invoco!”
Y se transformo en aquel ser tan espectacular, un “Ángel Guardián”, protector de aquel planeta.
Se sorprendió al ver que donde estaba pasando algo malo, era el parque donde estaba Minamino.
Vio que un ser extraño, del mismo tamaño que una persona, estaba atacando a Minamino y sin pensárselo dos veces, salió corriendo a ayudarle.
Karin sintió que de aquella manera no podrían ayudar a Minamino, pues si seguían corriendo para ayudarle no llegarían a tiempo.
Mianko, si seguimos corriendo no podremos ayudarle, no llegaremos a tiempo – Dijo Karin –
¿Y que pretendes que haga? – pregunto Mianko, un tanto nerviosa –
¡¡Tienes poderes suficientes para ayudarle!!
¡¡De acuerdo!! – gritó Mianko muy segura de si misma –
Se paro y acto seguido dijo estas palabras, para distraer a aquel ser tan extraño.
Soy la defensora de este planeta, encargada de defender a todo ser que se encuentre en el y tú has venido a perturbar la paz. Soy el “Ángel Guardián” y por el poder que me ha sido otorgado ¡¡SERAS DESTRUIDO!!
Aquel ser tan extraño, la vio y se dirigió corriendo a atacarla. Mianko, al ver lo que pretendía hacer aquel ser, dijo estas palabras:
“Tú tienes el poder y yo la fuerza… ¡¡Grito Mortal!!”
El símbolo le brillaba con mucha fuerza. Junto sus manos, como hizo con el “Espíritu de fuego”, pero en vez de salir una bola de fuego, creó una bola de energía, que golpeo a aquel ser tan extraño y lo destruyó.
Minamino no se acababa de creer lo que había visto. En aquel instante, solo salió una palabra de su boca, gracias, pero Mianko se marchó en seguida.
Minamino se marchó a su casa, se fue a duchar, pero al mirarse al espejo, vio a alguien que no era el y una voz le susurró:
Minamino, ya ha llegado la hora, este es el momento de enseñarte tu verdadera identidad. – Dijo aquella voz –
Y acto seguido, Minamino cambió. No se podía creer lo que estaba pasando. Su cuerpo, su cara, su pelo, todo había cambiado, ya no era la misma persona que era antes, y en ese mismo instante, se le apareció en la mente la imagen de Mianko.
Esto es lo mismo que le pasó a ella – Pensó Minamino –
De repente, escuchó una voz en su interior.
¿Te sientes distinto? – pregunto aquella voz –
¿Quién eres tú? ¿Por qué te oigo dentro de mi?
Yo formo parte de tu alma, soy la causa por la cual llevas ese signo tan extraño en la mano. También soy la causa de que hayas cambiado de aspecto.
Pero, ¿Quién eres? – preguntó Minamino intrigado –
Yo soy Kore, como te he dicho antes, soy parte de tu alma, y juntos somos el “Ángel de la Oscuridad”
¿“Ángel de la Oscuridad”? ¿Qué es eso? – preguntó Minamino –
Habrás oído hablar de un “Ángel Guardián” ¿no? – Dijo Kore –
Si, si que lo he oído – respondió Minamino –
Pues tú y yo somos lo contrario a un “Ángel Guardián”
¿Lo contrario? Pero… ¿y si resulta que yo no quiero aceptar mi nueva identidad? – preguntó Minamino, con una voz temblorosa –
Es tú destino, quieras o no, vas a tener que aceptarlo.
Y ¿para que me sirve a mí ser un “Ángel de la Oscuridad”?
Por el momento lo que tienes que hacer es vencer al mal que hay en este planeta, para aumentar tu poder. Pero cuando lo hayas destruido, tendrás que combatir contra el “Ángel Guardián” – explicó Kore –
De acuerdo, ¿y que hago para llamarte? O ¿aparecerás tu solo?
Lo único que tienes que hacer, es decir es esto:
“Que se libere del cielo confinado, el poder que se oculta, que mi cuerpo sea el arma que logre destruir al mal que nos amenaza, que ningún poder pueda detenernos, yo te invoco Kore ¡Ven a mi!”
A ver, repítemelo. – Dijo Kore –
“Que se libere del cielo confirmador, el morder que se oculta, que mi cerpo sea el alma que logre cencreir al mal que nos mernaza, que ningún poder… que ningún poder… mmm... ¡Ah si! Que ningún poder pueda mordernos, yo te imploro Kore ¡Ven a mi!”
¿Qué tal lo he hecho? – pregunto Minamino –
¿Tú crees que lo has hecho bien? ¿Eh?
Pues, no se, me lo tendrías que decir tú…
Sinceramente… lo has hecho ¡¡¡¡¡¡¡FATAL!!!!!!! – Gritó Kore – ¿Qué ningún poder pueda mordernos? ¿Mal que nos mernaza? ¿¡PERO QUE ES ESO!?
Si tú pronuncias mal, no es mi problema – Dijo Minamino –
Bueno, cuando subas a tú habitación encontrarás una libreta, y dentro de esa libreta, esta escrito lo que tienes que decir –Dijo Kore –
Vale. – Respondió Minamino –
Bueno, yo me voy. Ya nos veremos. – Tras decir eso, Kore desapareció –
Cáp. 6 - ¿Quién eres tú?
Al pasar unos días, Minamino decidió ir a hablar con Mianko. Cogió aire y se dirigió hacia ella.
Mianko, al acabar las clases ¿Podré hablar contigo? - pregunto Minamino -
Vale… de acuerdo. - respondió ella, medio angustiada –
Al acabar las clases, Minamino estaba esperando en la puerta del colegio, pues Mianko había tenido que recoger la clase y había salido más tarde.
Y bien ¿Qué quieres? - pregunto Mianko -
Sígueme, quiero hablar contigo... a solas. - respondió Minamino muy serio –
Se dirigieron a un solar en el que no solía haber nadie. Cuando llegaron Minamino dejo la maleta en el suelo y después la dejo Mianko.
¿Se puede saber que té pasa conmigo?
¿A mí? A mi no me pasa nada contigo - intentó disimular que no quería hablar con él -
A mi no me mientas, te conozco perfectamente y me estas evitando.
Vale - acepto Mianko - es cierto. No quiero hablar contigo.
Pero ¿¡por que!? ¿Qué he hecho? - pregunto Minamino un tanto nervioso -
Desde que te conozco, que han empezado a pasar cosas raras, he conseguido esos poderes, que ni siquiera se para que los quiero, solo me traen complicaciones, mi vida ha cambiado y no me gusta la forma en la que esta cambiando, porque esta cambiando a peor, ¿Qué quieres que haga? ¿Qué lo deje pasar así como si nada? ¡Pues no puedo hacerlo!
Bueno... yo… - Dijo Minamino pensando en que el tenía los mismos problemas, pero no quiso decírselo –
No importa que digas nada, tu forma de hablar ya me ha respondido, se nota que opinas lo mismo que yo, mi vida en un completo desastre.
¡No digas eso!
¿Y por que no? ¿Acaso piensas lo contrario?
No, pero puede cambiar. – Dijo Minamino muy seguro –
Eso que has dicho no lo crees ni tú, ya no hay nada que hacer.
¿Qué no? ¿Quieres ver como puedo cambiar tu vida?
No puedes hacer nada, no se puede cambiar el pasado, y aunque así fuera, habría demasiadas cosas que cambiar y no podría hacerlo.
¿Estas segura? ¿Quieres que te demuestre que estas muy equivocada?
Tras decir eso, la cogió por la cintura y la besó.
Mianko le abrazó mientras se besaban y no se resistió, puesto que él era la persona a la que más quería, pero sus dudas, sus inseguridades y todos los problemas que le pasaban por la cabeza no le habían dejado darse cuenta, hasta ese momento, el momento en el que por fin se dio cuenta de que no estaba sola y que alguien más sentía lo mismo que ella.
Pasaron los días y su relación seguía como si nada. Mianko no tardaría en conocer a alguien más con poderes iguales a los que tiene. Alguien que era distinto, pero al que ella conocía perfectamente.
Esa misma tarde, al salir del colegio, Minamino acompañó a Mianko a su casa y por el camino, Mianko sintió un escalofrío.
Minamino, lo siento, es que me he olvidado una cosa en clase.
Bueno, te acompaño, a mi no me importa, mientras pueda estar contigo – Dijo Minamino medio sonrojado –
No hace falta, pero gracias – Contestó Mianko con una sonrisa –
Mianko le dio un beso en la mejilla y se fue corriendo.
Minamino sabía perfectamente a donde iba, pues el también tenía su manera de notar que algo malo pasaba. Miro a todos lados para asegurarse de que no había nadie y dijo:
“Que se libere del cielo confinado, el poder que se oculta, que mi cuerpo sea el arma que logre destruir al mal que nos amenaza, que ningún poder pueda detenernos, yo te invoco Kore ¡Ven a mi!”
Se transformo y salió corriendo hacia el colegio, pues era de ahí de donde provenía aquella fuerza tan extraña. Cuando llegó a la puerta del colegio, vio al Ángel Guardián luchando con un ser muy extraño. Tenía el mismo aspecto que un humano, pero en realidad era un ser malvado que tenia una fuerza muy grande. Ninguno de los dos sabía que aquel ser tan extraño, era obra de Tetsuo.
Se acercó con cuidado y dijo estas palabras:
"Fuerza, valentía, poder... ¡¡Bola de Energía!!"
Al igual que el Ángel Guardián, el Ángel de la Oscuridad también tenía sus propios ataques. Lo curioso no era eso, si no que la forma de realizar los ataques, era exactamente la misma que la del Ángel Guardián.
La "Bola de Energía" golpeó a aquel ser tan extraño y lo mató.
¿¡Quien eres tú!? – Gritó el Ángel Guardián –
Soy el Ángel de la Oscuridad, enviado del mal, para combatir contra ti. – Explicó –
¿Y por qué me has ayudado?
Antes de combatir contra ti, tengo otra misión, y es destruir al poder que amenaza a mis superiores, podría decirse que por el momento no tengo nada contra ti – Dijo el Ángel de la Oscuridad –
Pues la próxima vez, ¡metete en tus asuntos!
El Ángel de la Oscuridad se marchó, mientras pensaba que el no quería luchar contra ella, pero era su destino.
Al día siguiente, Minamino estaba esperando a Mianko delante de su casa. Mianko salió de su casa.
Perdona por lo de ayer – Dijo Mianko –
No tiene importancia. Me entretuve... haciendo otras cosas – Dijo Minamino en un tono interesante –
Bueno, ¿nos vamos? – preguntó Mianko –
Venga, vamos.
Cáp.7 – Por culpa de un error.
Pasaron los días. Mianko empezó a notar a Minamino un tanto extraño, como si le ocultara algo. No le dio mucha importancia, pensó que si le pasaba algo, el se lo contaría. Ese mismo día Tetsuo tenía un plan, que terminaría separando del todo a ellos dos.
Era un fin de semana y la madre de Mianko la mandó a comprar unas cosas. Cuando volvía de comprar, vio de lejos a Minamino sentado en un banco, pero resulta que Minamino no estaba solo. Tetsuo conocía a una chica llamada Shinobu que estaba enamorada de Minamino, y le pidió a Shinobu que los separara, no le importaba de qué manera lo hiciera, lo único que quería era separarlos. Shinobu le prometió que lo intentaría, y así lo hizo.
Mianko decidió seguirlos. Se dio cuenta que se dirigían a casa de Shinobu y al llegar allí vio que Shinobu besó a Minamino. Mianko se sorprendió tanto, que se le cayeron las bolsas que llevaba al suelo y Minamino la vio.
¡MIANKO! – Grito Minamino –
- A Mianko no le salían las palabras, todo su cuerpo se había destrozado de dolor -
Minamino se acercó a Mianko, para intentar hablar con ella. A Mianko le empezaron a salir lágrimas de los ojos, y lo único que pudo hacer fue, salir corriendo de allí. Minamino vio las bolsas de la compra, y pensó llevárselas como excusa, para intentar hablar con ella. Pero todo intento, fue inútil. Ella no quiso ni verle.
Fueron pasando los días y a medida que pasaban Mianko iba desanimándose un poco más. No le quedaban fuerzas ni para reír. Toda su vida se había destrozado, poco a poco su corazón se iba deshaciendo, y sentía un vacío tan grande en su interior, que ni los amigos podían llenarlo.
Karin, sentía ese dolor, pues formaba parte de su alma y podía sentir lo mismo que Mianko, así que un día decidió hablar con ella como amiga.
Karin salió del cuerpo de Mianko.
Mianko, ¿Qué te pasa?
¿Qué, que me pasa? Sabes perfectamente lo que me pasa – Dijo Mianko entre lágrimas –
Pero, ¿por qué no intentas superarlo?
Si pudiera hacerlo… – Mianko suspiró – Si pudiera hacerlo ¿no crees que ya lo habría intentado?
Karin le secó las lágrimas y le dijo:
Yo siento algo parecido a lo que tu estas sintiendo, a pesar de que no me crearon para amar, ni para sentir, he llegado a querer a un ser igual que yo y nuestro amor era imposible. Nuestra misión, es enfrentarnos el uno con el otro y no podemos hacer nada. Yo he aprendido que querer a alguien, no es estar solo a su lado.
Mira, cuando quieres a alguien y te separas, cuanto más lejos estas de esa persona, más fuerte crece el sentimiento que tienes hacía ella. Aunque no tengas a esa persona a tu lado, si realmente crees en ella, vuestros corazones estarán unidos. Tu no eres la única que se siente sola, todos nos sentimos así… y creo que Minamino se arrepiente de lo que hizo y esta sufriendo por ello.
Puede que tengas razón – Dijo Mianko - ¿pero encuentras justo lo que me hizo?
No, claro que no es justo
¿Entonces? – Mianko empezó a llorar –
Dale tiempo al tiempo. El tiempo, puede que ahora sea tu peor enemigo, pero es el único que te ayudará a superarlo.
Mianko abrazó a Karin mientras lloraba sin poder parar. Karin se quedó con ella mientras intentaba calmarla. Cuando al fin se calmo Mianko quiso preguntarle una cosa a Karin.
Oye Karin, ¿Quién es ese al que tú quieres? – Pregunto intrigada –
Con el tiempo… te darás cuenta de quien es. – Karin suspiró –
Fue pasando el tiempo y los dos iban superándolo poco a poco. Mianko se preguntaba cada día quien podía ser aquel “Ángel de la Oscuridad”, lo que ella no sabía es que lo tenía demasiado cerca.
Cáp. 8 – Se descubre el amor de Karin.
Un día que Mianko estaba tranquila en su casa viendo la tele, y de repente sintió un escalofrío muy extraño. Este no era como los demás, pues ella notaba un poder mayor.
“Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, Karin, tu que ocultas el poder de aquellos que lo consiguieron, aquí estoy para rogarte, para jurarte lealtad, por tu poder y el mío ¡Ven a mi yo te invoco!”
Minamino también lo notó.
“Que se libere del cielo confinado, el poder que se oculta, que mi cuerpo sea el arma que logre destruir al mal que nos amenaza, que ningún poder pueda detenernos, yo te invoco Kore ¡Ven a mi!”
Los dos se dirigieron al lugar. Era una mansión enorme. El Ángel de la Oscuridad vio que el Ángel Guardián entró y él se quedó fuera esperando a ver que pasaba.
El Ángel Guardián fue mirando todas las habitaciones de aquella mansión y notaba que cuanto más se adentraba más fuerte era el poder. Llegó a una sala enorme y vio a una mujer sentada en un sillón.
Una luz se encendió. La mujer que estaba sentada en el sillón se levanto y miró al Ángel Guardián. El cuerpo de aquella mujer estaba lleno de dibujos de serpientes, a las cuales les brillaban los ojos.
Hola Ángel Guardián, te estaba esperando. – Dijo aquella mujer. –
¿Quién eres? ¿Por qué me esperabas?
Soy la creadora de serpientes. Y te esperaba… ¡para destruirte!
Nada más decir eso, le empezaron a brillar los ojos y empezó a atacar al Ángel Guardián mientras creaba serpientes, que también la atacaban. Tenía la misma movilidad que una serpiente y al Ángel Guardián le costaba mucho esquivarla.
Cuando por fin pudo golpear a la creadora de serpientes y tirarla al suelo dijo estas palabras:
“Tú tienes el poder y yo la fuerza… ¡Llamarada súbita!”
Extendió sus brazos y abrió la palma de sus manos. De ellas salió una llamarada de fuego que mató a la creadora de serpientes.
De repente entró por la ventana el Ángel de la Oscuridad.
Muy bien hecho – Dijo el Ángel de la Oscuridad mientras le aplaudía –
¿¡Que haces tú aquí!?
He venido a probar tu poder… Mianko, y a ver si es verdad que te mereces tantos elogios de la gente –Dijo en un tono de superioridad–
¿Mianko? ¿Quién es esa?... Da igual. Tú, Ángel de la Oscuridad, ¿a que esperas para comprobarlo? – Dijo el Ángel Guardián muy segura de si misma, pero le sorprendió que el supiera quien era –
Tras decir eso, empezaron a luchar. Al Ángel de la Oscuridad, parecía que se le había olvidado quien era su contrincante, pues le estaba atacando con todas sus fuerzas. Al Ángel Guardián apenas le quedaban fuerzas, pues ya había gastado gran parte de su energía y su poder luchando contra la creadora de serpientes y estaba agotada.
El Ángel Guardián empezó a debilitarse y se desmayo. El Ángel de la Oscuridad aprovechó para hacer un ataque.
"Fuerza, valentía, poder... ¡¡Rayo Destructor!!"
Pero antes de que pudiera lanzar el ataque, Karin salió del cuerpo del Ángel Guardián, se puso en frente de ella, extendió sus brazos y dijo:
¡¡No lo hagas!! – Dijo Karin – Kore por favor, no lo hagas.
El Ángel de la Oscuridad no entendió nada, pero no lanzó el ataque. Kore salió del cuerpo del Ángel de la Oscuridad.
Karin, ¿qué haces tú en ese cuerpo?
La pregunta no es esa, si no, ¿quién es el Ángel de la Oscuridad?
Eso es algo que no puedo decirte – Dijo Kore – Solo puedo decirte que nuestra misión es combatir contra el Ángel Guardián.
- A Karin se le entristeció la mirada – Valla, como siempre ¿no?
Sabes que no es mi intención hacerte daño, pero…
- El Ángel Guardián se despertó –
No digas nada… a pesar de todo esto, mis sentimientos hacía ti nunca han cambiado – Karin agachó la cabeza y se vio como le caía una lágrima –
Karin, lo siento, no puedo hacer nada por evitar esto, yo…
Ángel Guardián, vamos, tenemos que irnos – Dijo Karin –
Espera por favor – Dijo Kore –
Dejemos las cosas como están, es mejor así.
Pero yo… es que te sigo queriendo.
Karin se metió dentro del cuerpo del Ángel Guardián y se marchó.
Valla, al final resulta que tú también tienes tus problemas.
Cállate Minamino – Dijo Kore –
Se perfectamente por lo que estas pasando – Dijo el Ángel de la Oscuridad –
¿Por eso estos días estabas tan desanimado?
Pues mira, si, pero no quise decirte nada.
Bueno, si no te importa. Me voy, prefiero estar solo.
- El Ángel de la Oscuridad volvió a su aspecto normal -
No te preocupes. Si necesitas algo, dímelo.
Mianko ya estaba en su casa.
Karin, ¿puedes aparecer? – Dijo Mianko –
¿Que quieres?
¿Quieres que hablemos? – Preguntó Mianko –
- Karin agachó la mirada – No importa, estoy bien.
Karin, no es bueno cargar con todo ese dolor, los amigos están para ayudarse unos a otros, y eso es lo que voy a hacer, porque tú eres mi mejor amiga – Dijo Mianko –
Tras decir eso, Mianko abrazo a Karin.
Desahógate, no te guardes todo ese dolor – Dijo Mianko mientras la abrazaba –
Prefiero no llorar, no quiero volver a abrir la herida, ya sufrí demasiado, pero gracias por estar conmigo.
Cáp. 9 – La verdadera identidad de Minamino.
Después de aquellos sucesos, Mianko no pudo dejar de investigar quien podía ser el Ángel de la Oscuridad, pero no lograba averiguar quien podía ser.
Mientras tanto, Tetsuo había descubierto que Minamino ya tenía poderes, porque, a diferencia de Mianko, el no sabía ocultar muy bien sus poderes en la forma humana, y Tetsuo noto en el, la presencia de poderes.
Un día, el curso de Mianko se fue de excursión a la montaña, para pasar allí unos días.
Mianko – Dijo Miyare, una amiga –
Dime, ¿Qué quieres?
¿Me ayudas a hacer la cena?
¡Claro que si! – Dijo Mianko -
A Mianko le encantaba cocinar y no importaba quien se lo pidiera, ella siempre decía que si, además, era una excelente cocinera.
Pasaban los días, y Mianko se sentía cada día más feliz. Veía que sus amigos se preocupaban por ella, así que ella hizo el esfuerzo de empezar a sonreír.
Un día, las chicas de su clase, le pidieron a Mianko que les enseñara a hacer algún plato especial para la cena. Y así lo hizo. Aquella cena fue exquisita.
Cuando acabo todo el curso de cenar, Mianko y un par de alumnos más, recogieron todos los platos y la comida que había sobrado. Cuando por fin habían acabado, Mianko se dirigió a su tienda de campaña y nada más meterse dentro, notó la presencia del Ángel de la Oscuridad en aquel bosque.
Se transformó y salió a buscarle.
Encontró al Ángel de la Oscuridad sentado en una roca, en frente de un lago. Parecía muy pensativo.
Valla, veo que al fin me has encontrado – Dijo el Ángel de la Oscuridad – Pero, para ser tú, has tardado, ¿no crees Mianko?
¿Cómo sabes quien soy? – Preguntó ella intrigada –
Se más cosas de las que tú crees.
¿Quién eres tú? ¿Por qué has venido a destruirme?
Destruirte es mi misión, aunque muchas veces, estoy en contra de llevarla a cabo – Dijo con un tono un poco más triste –
Pero, ¡¿quién eres?! ¿Por qué sabes tantas cosas de mí?
¿Por qué tendría que decírtelo? ¿Hay algún motivo en especial?
Quiero saber quien es mi contrincante y que tiene el contra mi.
¿Segura que quieres saber quien soy? – preguntó el –
Claro que quiero, ¿o es que eres sordo?
Tú lo has querido.
Tras decir eso, se levanto de la roca, se acerco a ella, los dos se miraron. El la cogió por la cintura y la besó.
Mianko se soltó y le dio un tortazo.
Si que tienes fuerza – Dijo mientras se tocaba la mejilla –
¿Pero quien te crees que eres? –
¿Me dirás que aun no lo sabes? – Preguntó el con ironía –
Mianko empezó a pensar, pero no conseguía descubrir quien era, pero de pronto se acordó de algo muy importante para ella.
No puede ser – Dijo un tanto nerviosa – No, ¡tú no!
Veo que aun te acuerdas de mí – Dijo con una sonrisa –
- El Ángel Guardián se giró y le dio la espalda -
No puedo creer que tú… que tú… ¡fueras capaz de luchar contra mi!
El Ángel de la Oscuridad no supo que decir. Una lágrima rodó por el rostro del Ángel Guardián y se marchó.
Al día siguiente, nada mas salir de la tienda de campaña, Mianko se encontró con Minamino. Los dos se miraron, pero Mianko giró la cara y se fue con sus amigas.
Fueron pasando los días. Llegó el día en que se tuvieron que ir de la montaña y regresar a sus casas.
Cáp. 10 – Se acerca el final.
Cuando llegaron a sus casas, el cielo era todo negro. No le dieron mucha importancia, pues pensaron que solamente se habría nublado.
Fueron pasando los días, pero el cielo seguía completamente negro. Una fuerza extraña se había apoderado de aquel planeta, y Mianko no podía permitirlo, era la protectora de aquel planeta, la defensora de cada persona que viviera en el y no podía permitir que nada ni nadie destruyera aquel planeta, ella era el Ángel Guardián y estaba dispuesta a dar su vida para defender aquel planeta, si fuera necesario.
“Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, Karin, tu que ocultas el poder de aquellos que lo consiguieron, aquí estoy para rogarte, para jurarte lealtad, por tu poder y el mío ¡Ven a mi yo te invoco!”
Vio un rayo de luz, que iba desde el suelo hasta el cielo, así que pensó, que si pasaba algo, aquel rayo debía tener la culpa y se dirigió hacía el.
Cuando llego, noto un poder extremadamente fuerte, mucho más fuerte que todos los anteriores, pero que le era muy familiar. Se acercó a aquella luz tan extraña, y vio con asombro, que de aquella luz salió una persona. Mianko no lograba ver quien era. Se acercó un poco más, para conseguir ver quien era, pero cuando por fin lo pudo ver, no se podía creer lo que estaba viendo.
Hola Ángel Guardián, ¿sorprendida? – Dijo Tetsuo – Aunque quizás debería llamarte Mianko ¿no crees?
Como puede ser, que tu… ¿que tu hayas salido del rayo? ¿Y como es que sabes quien soy? – Preguntó asustada –
Veo que sigues siendo tan inocente como siempre. Debo admitir que me costó mucho averiguar que tú eras el Ángel Guardián, pero ya ves, al final se quien eres tú y quien es el Ángel de la Oscuridad.
¿Pero que haces tú aquí? ¿A caso eres tu el que mandaba a todos esos seres tan extraños?
Muy bien, te ha costado averiguarlo, pero lo has logrado. Si, era yo quien los mandaba. Quería destruiros a ti y al Ángel de la Oscuridad.
Pero… ¿Por qué? ¡¡No lo entiendo!! – Ella no se podía creer nada –
Yo soy el mensajero del mal, enviado para destruir a todo aquel que se interponga en mi misión. – explicó Tetsuo –
¿Y cual es tu misión?
Destruir este planeta, portador del bien y la felicidad.
Pues ten muy presente que yo, el Ángel Guardián, te lo impediré, cueste lo que cueste, aunque tenga que dar mi vida en el intento, te lo impediré, pues soy la encargada de defender este planeta y a la gente que se encuentra en el, ¡¡Y NADA NI NADIE ME LO IMPEDIRÁ!!
El Ángel de la Oscuridad apareció de repente.
Valla, debí suponerlo. Tú estabas detrás de todo esto, ¿verdad Tetsuo?
No noto que te haya impresionado, Minamino – Dijo Tetsuo –
Siempre supe que había algo en ti que no era normal, y últimamente notaba poder en ti – Explicó el Ángel de la Oscuridad –
Valla, veo que eres observador. – Dijo Tetsuo con ironía –
Aunque debo admitir, que me sorprende que sepas quien soy.
No fue tan difícil. No supiste esconder muy bien tus poderes en la forma humana, y me di cuenta de quien eras – Explicó Tetsuo -
¡Basta de charlas! – Gritó el Ángel Guardián – Tetsuo, esto es entre tú y yo. Ángel de la Oscuridad, luego nos veremos las caras.
Te dije que también tenía la misión de destruir al mal que amenazaba a mis superiores y ese mal es Tetsuo.
Es mi planeta el que esta en peligro y tú no tienes nada que ver, así que ¡¡NO TE METAS EN ESTO!!
El Ángel Guardián y Tetsuo empezaron a luchar. El Ángel de la Oscuridad se mantuvo al margen, a pesar de que no podía ver como estaba sufriendo ella. El Ángel Guardián hacía todo lo que podía para vencerle, pero parecía imposible. Le lanzo un montón de ataques, pero parecía que ninguno de ellos le afectaba.
Sus fuerzas se estaban agotando, cada vez estaba más y más débil y se dio cuenta de que todo esfuerzo por continuar, era inútil.
El Ángel Guardián se paró, cayó de rodillas al suelo mientras sus poderes iban desapareciendo y su forma de Ángel Guardián iba desapareciendo. De repente, apareció el Ángel de la Oscuridad.
Mianko déjamelo a mi. Descansa mientras puedas. – Dijo el -
Cáp. 11 – Tu y yo, Ángel Supremo.
Mianko cerró los ojos y empezó a recordar momentos pasados con su familia, sus amigos, momentos que pasó cuando en aquel planeta todavía se respiraba paz.
Mianko, no te rindas – Dijo Karin –
No puedo más, es demasiado fuerte y no me quedan fuerzas.
Si te rindes ahora, todo lo que has intentado hacer para vencerle, se quedará en nada.
Karin, lo siento, no puedo más. Empiezo a sentir frió por dentro, y por más que lo intento, no puedo levantarme.
Piensa en todos aquellos a los que salvaste, a todos aquellos a los que ayudaste, ¿para que? ¿Para ahora rendirte? Ahora que estas tan cerca de destruir al mal, no te rindas.
Siento haberte defraudado, siento no ser como esperabas. – Dijo Mianko entre lágrimas de dolor –
Mianko, antes de que te rindas, te diré una última cosa, tú tienes la esperanza y yo la salvación ¿y sabes por que?
¿Por qué? – Preguntó Mianko –
Porque la unión, hace la fuerza. Mianko, unidas somos invencibles, recuerda eso, Nuestra unión, ¡nos hace fuertes!
Mianko se levantó del suelo y dijo estas palabras.
No pienso dejar que venzas, no pienso dejar que destruyas este planeta, el planeta donde he vivido, donde he reído y he llorado, no pienso dejar que lo destruyas, porque soy ¡EL ANGEL GUARDIÁN!
Mianko, vete – Dijo el Ángel de la Oscuridad –
Mianko caminó hacia Tetsuo, a mitad de camino se paró extendió un brazo hacía el cielo y dijo:
¡¡LA UNIÓN HACE LA FUERZA, KARIN VEN A MI!!
Mianko se transformó otra vez en Ángel Guardián, se giró, miró al Ángel de la Oscuridad y le dijo:
Gracias por ayudarme, pero me toca a mi defender a este planeta. No te preocupes por lo que me pase. Cuídate.
Ella le sonrió y se dirigió hacía donde estaba Tetsuo. El Signo del Ángel Guardián empezó a brillar, cada vez con más fuerza. Empezó a luchar con Tetsuo, esta vez el combate parecía más igualado, pero el poder del Ángel Guardián estaba muy debilitado.
Minamino, ahora nos toca a nosotros – Dijo Kore –
¿Cómo que nos toca a nosotros? ¿Qué quieres decir con eso?
Tú solamente hazme caso. Acércate al Ángel Guardián y pon la mano en la que llevas el signo sobre su frente, donde lleva ella el suyo.
¿Pero, por qué? – Pregunto Minamino intrigado –
Te has fijado que antes, cuando Mianko ha invocado a Karin, no ha dicho aquella frase tan larga ¿verdad?
Si, es verdad – Afirmó –
Y te habrás fijado, que lo que ha dicho ha sido, La unión hace la fuerza ¿no?
Si, ¿pero que me quieres decir con eso? –Minamino estaba intrigado–
Pues eso era un mensaje de Karin, dirigido hacia mí. Me quería decir que unáis vuestros poderes, y si no me equivoco, para que eso funcione, vuestros signos tienen que estar unidos.
Vale, enseguida lo hago.
Espérate un momento, si no me equivoco, Mianko no debe saber nada, así que cuando te acerques, llámala para que se gire ¿vale? -Le explicó Kore –
Entendido.
El Ángel de la Oscuridad se acercó al Ángel Guardián, le llamó y puso su mano, sobre el signo. Una luz les envolvió a los dos, y al desaparecer la luz, se habían trasformado en un Ángel Supremo, mitad blanco, mitad negro. Ellos dos estaban dentro del cuerpo del Ángel Supremo, pero hasta que sus corazones no se entendieran, la lucha para conseguir vencer al mal, estaba perdida.
¿Qué ha pasado? ¿Donde estoy? – Preguntó Mianko muy nerviosa –
Donde estas, no lo se ni yo, pero lo que ha pasado, es que nuestros poderes se han unido. – Explicó Minamino –
¿Cómo que se han unido? ¿Qué quieres decir?
Pues que ahora somos un solo cuerpo, con un solo poder, tu poder y el mío están unidos en un solo cuerpo, igual que tú y yo estamos ahora aquí, estamos en un mismo cuerpo.
Pero ¿sabes que pasa? – preguntó Mianko con ironía –
Que – Dijo Minamino –
Pues que… ¡yo no quiero estar contigo!
Bueno, pues vete – Dijo Minamino con una sonrisa en la cara –
Que gracioso, ¿no crees que si supiera como, ya lo habría hecho?
Bueno vale, tranquilízate. Ahora que se que no te puedes ir de mi lado, me siento mucho mejor.
¡Pues yo no! – Mianko empezó a llorar –
La verdad es que hace mucho tiempo que tendría que haber hablado contigo y pedirte perdón – Dijo Minamino –
Pues no se porque, ni me importa.
Pues a mí si que me importa, Mianko, yo te sigo queriendo, a pesar de todo lo que te hice, te sigo queriendo igual que siempre, siento haberte hecho sufrir, pero yo también lo he pasado mal ¿sabes?
¿A si? ¿Por besar a otra te siente mal? – Preguntó Mianko –
Pues si, porque, por culpa de eso, te he perdido, y nunca quise perderte. – Explicó Minamino –
Pues no pareció haberte importado mucho.
Mianko, yo solamente he tenido ojos para ti, si estaba feliz era porque te tenía a mi lado, pero desde aquel momento, no le encontré sentido a mi vida, sin ti, mi vida no tiene sentido.
Mianko se secó las lágrimas y miró a Minamino.
¿Sabes? A pesar de todo, mis sentimientos nunca cambiaron – Dijo Mianko mientras le acariciaba la cara – A pesar de separarme de ti, de no querer volver a verte, yo te seguía queriendo y nunca supe porque. Ahora ya lo entiendo, mi mundo eres tú, y sin ti, no se vivir. A pesar de todo, nunca pude odiarte y mucho menos, olvidarte.
Mianko besó a Minamino, el la abrazó mientras se besaban. Sus almas se habían unido y sus corazones, al fin se entendían. Mianko y Minamino se miraron y dijeron:
“Almas unidas, poder indestructible… ¡¡Destello Final!!”
El Ángel Supremo junto sus manos, las extendió hacía Tetsuo y una luz cegadora salió de ellas. Tetsuo intentó parar el ataque, pero todo intento fue inútil, aquel destello de luz, lo mató.
Cáp. 12 – Unión eterna. Al fin juntos.
Al final todo volvió a la normalidad. El cielo volvió a ser azul, la gente de aquel planeta estaba a salvo, y Mianko y Minamino juntos.
Pero cuando Mianko y Minamino se unieron para formar el Ángel Supremo, sus almas se juntaron y Karin y Kore desaparecieron.
Fue pasando el tiempo. Mianko y Minamino decidieron casarse y tuvieron una hija, la cual tenía la unión de los dos signos debajo del cuello. La llamaron Yukino, que significaba “Afortunada”.
Un día Mianko cogió a Yukino en brazos, mientras Minamino la miraba y se dieron cuenta de que el signo de la niña, empezó a brillar. El ser de Yukino salió del cuerpo.
Hola, me llamo Kaorine. Me mandan mis padres a daros las gracias por todo, ya que ellos no pudieron dároslas.
No pasa nada, nos basta con saber que al fin pueden ser felices.
Kaorine sonrió y desapareció.
Al fin Karin y Kore pudieron estar juntos. Mianko y Minamino sonrieron y se besaron.
Fin
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