Cada mañana la tristeza me aborda
como si de mi amiga se tratara.
la misma se junta con la melancolía
que se adhiere a la nostalgia creando un
circulo vicioso, que bien atento mi
lápiz, aprovecha para escribir versos
perdidos de Amor.
Cada mañana las cuartillas en blanco
desbordan mi pequeña gaveta,
recordándome que un poema debo escribir.
Abandonado entre fragancias de inciensos y disfrutando mi primer café, dedico los primeros momentos del día para desmigar las andanzas de la pasión.
Pueden pasar horas en las que no escribo nada.
o puede que en unos minutos llene pliegos
de cuentos y poemas destinados a gente
que no conozco.
Las campanas dan las ocho,
hora de entregarse a otros quehaceres
que hacen posible que cada mañana,
mi pluma inquieta me espere...
|