EL VECINO DE ENFRENTE
No me gusta que hablen mal de Juan José delante de mí. Simplemente no lo permito.
Bien recuerdo cuando vino a vivir a la colonia, a la casa que queda justo enfrente de la mía. Qué triste y desamparado me pareció, como algunos de esos hombres solos a quien nadie cuida y andan por la vida como perros apaleados.
Al día siguiente fui a darle la bienvenida y le llevé un plato con mis famosas galletas de avena. Me pareció que necesitaba alimento, de lo flaco y demacrado que se veía. Pero, aunque educado, no me recibió el obsequio con el agrado y entusiasmo que a mi me hubiera gustado. Tenía la mirada huidiza, cosa que siempre es mala señal, pero mi instinto protector pudo más.
Poco a poco me fui ganando su confianza y no niego que el romance empezó a florecer rápidamente. Después de todo, él estaba solo, al igual que yo, y aunque yo era mayor que él, eran apenas unos pocos años y aunque hubiesen sido muchos, bueno, pensé que a quién diablos podía importarle…y así la fuimos llevando tres, cuatro, seis meses…
Un día decidí registrarle bolsillos y gavetas mientras dormía, solo para mantener el orden, realmente no sospechaba nada, pero claro, yo tengo que estar segura. No tolero infidelidades ni nada que se le parezca.
Poco a poco fui sintiendo como un fuego que se me extendía por las entrañas. El infeliz tenía un album de fotos de todas sus conquistas, arregladas en orden cronológico y en la última página estaba mi foto junto a la de una criatura enclenque y descolorida que en una ocasión me había presentado dizque como “su prima”.
Como soy de la idea de que estas cosas tienen que castigarse con rapidez, me armé con un bate de béisbol y procedí a molerle los huesos mientras dormía.
No voy a negar que casi logra conmoverme la cara de susto con la que despertó, pero para entonces era muy tarde.
Lo dejé sollozando al infame, y me fui a mi casa realmente deprimida. Todos los hombres son lo mismo, bien me lo decía mi santa madre.
Al día siguiente, Juan José había desaparecido del vecindario, dejó abandonados sus pocos muebles y creo que se fue con lo puesto. Eso si, el album se lo llevó. Creo que la gente por aquí habla tan mal de él porque se fue sin pagar la renta, y le quedó debiendo bastante dinero a la señora de la tienda. Sin duda ella, igual que yo, se dejó llevar por su cara de cachorro necesitado y le dio crédito. Pero ni aún a ella pienso permitirle que hable mal de Juan José. Al fin y al cabo, ninguno de los vecinos lo conoció realmente. Si alguien va a hablar mal del cabrón, esa voy a ser yo.
Galadrielle
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