El sol avanza rápidamente en el cielo, es una típica mañana de verano. El bosque, deja verse lleno de vida, con sus árboles verdes oscuros y claros. Las numerosas especies de aves, adornan el cielo azul con sus vuelos. Más abajo, las abejas se balancean burlando las violentas fragancias de las flores silvestres. En la tierra, una serpiente se desliza nerviosa, inadvertida. Los trinos y la ruidosa corriente de agua, del arroyo que divide este majestuoso bosque, dejan escapar una música orquestada por el viento Norte.
Al borde de la cristalina corriente de agua, se encuentra clavado un instrumento maligno, por el cual se desliza una fina línea liquida roja y espesa, un cuerpo sin el miembro superior yace en el suelo y el miembro ausente ha ido a parar arroyo abajo. El ser de cabelleras y uñas largas, se endereza lentamente, su piel descarnada y pálida -típico en alguien que ha sido habitante de una tumba durante mucho tiempo- contrasta con su vestimenta oscura y andrajosa. Otea el horizonte y al fin toma su espada, su presa y vuelve a su lecho sepulcral en lo más oculto del bosque. Pronto volverá a llamar con su voz mental a otro hombre, a otro alimento. |