cuando comenzaron a sonar los primeros acordes, tome mi pañuelo y mi pareja y empezamos el cortejo. Primero el paseo y el palmoteo, luego la vuelta; después la media luna, luego la vuelta entera, seguida por el zapateo. Y entre medio de tanta vuelta pude sentir el aroma a asado, el sabor a empanada , a chicha dulce de mi tierra. Mire al cielo y vi volantines multicolores adornando el cielo azul de septiembre. Ya en la tercera y ultima vuelta volví al presente. No encontré asado ni cielo azul, solo algunos tímidos aplausos y las caras de sorpresa de los gringos ante tan bella danza que se presentaba en el festival de pueblos latinoamericanos en Norteamérica, ese fin de semana. |