Para empezar, no sé por donde empezar, pero eso es lo de menos, al final de cuentas el final bien puede ser el inicio y viceversa, no presten atención a esos detalles pequeños, les hablaré de los errores del calendario y de mi hundimiento en el Titanic amoroso. ¿Cuánto más durará este vacío?, Esta soledad de mierda que me mira y me escupe en mi gran carota, por cierto reseca de tanto llorar, y me sonríe, porque al final de cuentas ella no es la que se pudre sin compañía.
Todavía no deja de dolerme tu ausencia, tu desaparecer al estilo Houdini, tu marcha, a mi parecer, fúnebre, porque, por si acaso no lo sabes, se llevó mi vida y mientras todo pasa, yo me quedo aquí, esperando tu regreso que nunca llegará, como este cadáver sarcástico, porque muy a pesar de todo no se me olvido sonreír, lleno de dolor que maquillo muy bien con dos o tres carcajadas al día; me quedo aquí buscando y leyendo todas las cartas de te quiero mucho, no me olvides y demás basura premeditada, por no llamarla de otro modo, que hábilmente convertías en siglas T.Q.M, N.M.O, que igual al final de cuentas nunca entendí, porque nunca fuiste tu quien escribía todo eso que hoy me sirve de consuelo idiota, aún cuando sé que todo fue mentira. Y aquí me quedo, leyendo ahora los poemas de despedida sutil que te ayudaron a realizar tu huida digna de la reunión de Tarantino y Copperfield.
Lo peor del asunto es que hayas escogido este día para decirme adiós, justo hoy, hoy 12 de Enero, el dichoso día en que debo celebrar mi cumpleaños. No podías hacerlo antes, o después, o mejor aún, ¡NUNCA!. Pero ya qué, como todo, me toca hacerme el loco y buscar de nuevo camino, pero lo que me duele, ¡maldita sea!, lo que más me duele es que todas y cada una de las malditas canciones me acuerden de todo lo que viví a tu lado, me duele que todo el que se me acerca me hable de t, como si mi mundo fueras tu (pero he de aceptar que si lo eras). Igual, sonrío y no respondo.
Yo creo que fue el tiempo a tu lado el que me hizo sentir lo que siento por ti; fueron las horas de silencio mancomunadas, los segundos de carcajadas absurdas, las eternidades de esos besos cargados de sexo, los días de tu mal genio, los pocos meses de amor público y todas esas cosas que poco a poco construyeron el templo para la religión farsante que mi corazón ingeniosamente creó para que tú, con ese aire magnificente de diosa venenosa, me escogieras a mí, sólo a mí, como sacrificio.
Pero ya qué, ya de nada sirve, ni me servirá comulgar con los te amo de mis recuerdos, con los te extraño, te necesito, te adoro, te deseo y demás “te algo” que ya expiraron, porque olvidé leer en la caja de tus labios la fecha de caducidad de tu amor.
Me da risa recordarte diciendo que el amor es una cuestión de tiempo, pero más risa me da tener que recordarte que el reloj no se detuvo cuando tu te fuiste, sino que muy por el contrario, el tiempo se fue hacia atrás.
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