Un bosque de alas que no deja de rugir, insaciable de un viento solar de voces que quieren dejarse ir, lejos, para que nadie las alcance.
Bajo su haz, formando un escuadrón de turbias mareas que se arraciman sobre la tierra y la desnudan en su anhelo, arrancando suavemente sus pieles, sembrando involuntariamente el sueño y el letargo en el que todas las voces quedarán sumidas.
Espuma de mar, escuece el ala de Ícaro en la tierra, y se quebranta alzando voces. |