Para cuando decidas regresar,
Puede ser tarde,
Las calles se están empezando a cerrar
Y el mediodía ya es sólo un recuerdo lejano,
Como tu sonrisa de aguasal.
Por si acaso,
Envía una señal de humo
Avisando a que horas tu tren de locura errante
Se le antoja pasar por esta pobre ciudad,
Que se ha cansado de ser ciudad
Porque vos no estás.
Y me he clavado yo en una calle,
En una esquina,
En un vértice lejano de esta villa,
Como gárgola idiotizada
A la espera de una redención
Que nunca llegará si vos no llegas con ella;
Por que tu le diste sentido a esta metrópolis
Que antes tuyo era nada,
Sólo la sombra recostada en el límite del cielo
Donde te soñaba.
Recuerda que ya este ruido;
En esta ciudad;
Es un epitafio,
Un oscuro epitafio,
Que no hace más que dolerme,
Como todos los epitafios.
Y tu adiós, como mofa premeditada
Empieza a demoler los edificios
De mi corazón colonizado.
Y mi vida, con mi ciudad,
Te llama con sus gritos disonantes,
Mientras el velo del templo
De aquella religión que creé para vos,
Se rasga en dos.
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