Con hoy, son dos días ya sin escribir, ni poemas...ni cuentos, nada de nada.
A veces, en las noches en las que el sueño desaparece por completo, pienso en la escritura como mi única conexión para soñar... para vivir...
Hoy, sin ir mas lejos, la noche fue larga y espesa. Ideas y mas ideas se amontonan en mi cabeza queriendo salir, sin encontrar la salida adecuada, impactando sobre roca y fuego, para luego perderse en la nada...y amanecer abatido con letras muertas en la almohada.
Son las siete, y decido salir al parque, siempre armado con mi lápiz mordido por la impaciencia y mi cuaderno con hojas en blanco.
El cielo lo contemplo gris, quizás esta mañana de recién estrenado octubre quiera llover,
quizás al mediodía las nubes amenazantes se marchen para que el tímido sol de otoño renazca entre la hierba mojada. Los bancos del parque permanecen vacíos, la hora es muy temprana para que sean ocupados por jóvenes enamorados dispuestos a saciar su sed de entrega pasional.
Contemplo una hoja que cae, en su dulce deceso, del árbol,
observo como dos amables pájaros no dejan de cantar en su idioma natural perfecto.
Un arco iris en las montañas me saca encantado de mi profunda reflexión, la lluvia se acerca..el sol se niega por completo a desaparecer...Dulces gaviotas planean sobre mi y me invitan a seguir mi paseo o quizás a escribir.
Noto que la ciudad despierta, y huyo a la soledad de mi casa, donde es casi seguro que al llegar, una vez mas... tenga algo que contar.
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