Tenía 5 años al recibir la noticia de su fatal fin. Su cinta apretujadora de dedos se cortó, nada se podía hacer ya. La goma -vieja y sucia- se había agujereado y aquel pedazo de cinta ya no lograba unir sus trozos reveldes.
"¿Pero que importa? si total se lo ordeña y ya ta' " dijo Don Genáro Wenseslao Barrios.
Antaño camionero, embalsamador de cucarachas y entrenador de tamagotchis , hoy...jubilado.
Le espeté que una ojota no era una vaca, si bien cuando faltaba el dinero en la casa y el estómago informaba desolación, de vez en cuando carneabamos alguna alpargata y si Dios nos donaba una miga de suerte, alguna que otra ojota iba a parar al asador...pero yo, ¡no era asesino de ojotas!.
Furibunda cachetada sobre mejilla izquierda, y un escupitajo sobre la muela, fueron el resultado de cuestionar a Don Genáro su orden. No hablé mas y tomé entre mis manos a Arnoldo, mi cururú austriaco y me fui a dormir.
Mientras acariciaba la amarillenta piel de Arnoldo, pensaba en todas las veces que Don Genáro había escupido sobre mi muela. Sin mencionar las veces que me golpeó con su cable de acero, a quien cariñosamente llamaba "Mi Mirta" o simplemente, "Mimi". Ese cable miles de veces había desgarrado mi lengua y mis parpados. Pues no encontraba mayor satisfacción el viejo, que estirando mis parpados con una pinza para luego sujetarlas a una madera, clavandolos con alfileres, ¡y hay de mi si osaba llorar!, porque llorar, según decía Don Genáro, "es de jugadores de rugby, decoradores de interiores y electricistas".
Como decía, una vez que mis parpados estaban bien sujetos, el viejo procedía a darle latigazos con su cable de acero. Más de una vez cortó mis pobres parpados y luego me los pegaba con engrudo, que hacía con una rara mezcla de cocacína y tereré.
Pero yo lo quería, pues el siempre me regalaba un chipá en navidad, y otro en año nuevo. En realidad era un solo chipá, que partía al medio los 8 de diciembre y me daba una mitad en navidad, y la otra en año nuevo, pero yo lo quería.
Y si bien la ojota estaba destruida, y ya no respondía más a los estimulos externos, yo tambien la quería.
El viejo dió la orden y no me quedó otra que tomar sus pequeñas porosidades, y tratar de sacarle leche.
¡Como explicarle al viejo que una ojota no da leche!, no había manera, yo tenía que sacarle leche, así me llevara toda una vida, total, como decía el viejo.
"Tenés 5 años, yo a tu edad, ya había comandado una revuelta contra el gobierno de Juan Saúl Perón". Y yo le creía, porque yo lo quería.
Que viejo simpaticón. Pensar que luego de estar casi 7 días tratando de sacarle leche a esa ojota, el viejo se dió cuenta de su error, y no tuvo mejor idea que hacerme un enema con aquel tobogán...pero yo lo quería.
Y ahora lo tengo aquí, frente a mi, con sus 169 años, respirando por una manguera de fabricación ruandesa y comiendo a traves de un hueco en su homóplato.
"Viejo Genáro, descansa en paz" - le dije, y cerré sus ojos con un aliento de espiritu, y un resoplo de resignación. La virtud se llevó el dolor y a cada cual -en esa habitación- nos invadió la congoja. El viejo Genáro, iba hacía los cielos, en franca ascención, con destino a la inmortalidad...
Pero como extorsionamos a Muerte mediante un giro y depósitos en islas del caribe, al muy hijo de puta de Genáro lo llevaron al infierno para que sepa lo que duele un latigazo en el párpado y un tobogan en el ojete.
Q.E.P.D. (Que El Parpado Desangre) GENARO. |