Sicótico:
En este país todo anda mal. El presidente me persigue, estoy seguro de eso. Tiene a toda la fuerza secreta de tras mío.
Sarcasmo:
Pero como va a decir eso, no ve que él es un hijo del Divino Niño. Además, nadie ha muerto bajo su dicta... mandato.
Sicótico:
No me importa, a mi si me persigue, pero porqué, no lo sé, no soy de izquierda, no soy indígena, no soy negro. Será porqué soy feliz en este infierno.
Sádico:
Eso es obvio, no ve que esa es la principal prohibición, no se puede reír o ayudar, mucho menos pensar. Que viva el estado de idiotización popular. A mi me gusta eso del dolor y la lágrima, es la mejor política de Estado que he visto en mucho tiempo.
Depresivo:
Pues por lo menos, en esta política estoy en contexto. Cómo estará ella. Sobrevivirá.
Sicótico:
Ella sobrevive muy bien. Ya no está aquí, por tanto no la persiguen. Y además, no está contigo.
Sádico:
Tengo una noticia que les va a gustar. Ella es la primera dama.
Sarcasmo:
Con razón te persiguen. Jajaja. Vuelvo a recordarte que en la mesa de noche está el revolver.
Sicótico:
Creo que ahora si. Votar o Morir. Vivir o Matar. Amarla o matarme. Ya no sé qué hacer.
Sarcasmo:
Te lo repito, en la mesa de noche está el revolver.
Sicótico:
Buenas Noches.
¡Bang! O ¿bang?
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