A la hora acordada en aquel café, yo nerviosa, ella no. Como reconocerla pensé, pero fué fácil un cortado a medio terminar, unas notas y su rostro en el mio, la sonrisa amplia, es ella no hay duda, más pequeña de lo que pensé, más dulce y más cálida tambien. Siempre me han dado nervios estos encuentros pero mi naturalidad y espontaneidad usual, sus preguntas con real interes hicieron que me relajara.
Ella escudriñaba en mi mirada, se que piensa más de lo que habla, y se que observa más de lo que mira, a pesar de sus pupilas clavadas tanto en mi alma como en mi figura lo que no me intimida, más bien me gusta, lo disfruto, pude ver tambien que mi admiración no es solo por su talento indiscutible, sino por su sencillez, su generosidad y calidez, ahora que estamos aquí solas las dos.
El hombre de la mesa contigua no deja de mirarme, está entretenido con nuestra conversación, más aún pide otro café, historias, intimidades, risas, que escuche, que mire, somos geniales.
Mujer de caracter, mujer de vida, mujer al fin. Pasaron los minutos, el tiempo voló, el ambiente relajado, honesto, que rico lo que comienza.
Notas para mi, notas para ti, una amistad que nace entre letras e historias por contar.
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