Nadie atiende mi hastió. Encerrado en el extremo último de la noche, observo desde el olvido a las sombras que son la muerte.
Tupida niebla ( soplo de un DIOS que se intuye desde la dureza del silencio) a las sombras revisten.
En la lejanía brilla metálico y constante el péndulo. Las constelaciones agrupadas en el borde del brocal no tardaran en ser devoradas.
La epifanías ya no tienen sentido. A nadie rendiré tributo.
Cuando la puerta de mi celda profane el silencio, enfrentaré mi destino...por ahora, DIOS seguirá entreteniéndose con las sombras.
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