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Inicio / Cuenteros Locales / Xilo / Es 11 de Septiembre...

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Es 11 de septiembre. Se termina el verano y con él tantos buenos momentos pasados durante 18 años. Se levanta de la cama y recoge sus cosas, a la puerta de su casa le espera el coche puesto en marcha, se sube a él con la certeza de que le esperan cinco horas de viaje para llegar a su destino, hasta entonces deseado...
El camino lo recorre tranquila, sin sobresaltos. Es aburrido...
Al llegar la reciben unas monjas que le indican cual es su habitación, sube e instala rápidamente todas sus pertenencias en la que a partir de aquel momento va a ser su "casa". Se va, siempre acompañada de su hermana, y se dirige a la pensión que por una noche le dará cobijo.
Más tarde sale a la calle y sonríe, bebe y entonces ríe, conoce a mucha gente. Ésta era la primera vez que ella visitaba esa ciudad, pero al día siguiente no conseguía recordar apenas nada y entonces pensó de que forma había desaprovechado esa fecha tan especial. Había pasado su dieciocho cumpleaños sin darse cuenta.
Visita de nuevo a las monjas, se despide, vuelve al coche y emprende el viaje de regreso al lugar que a partir de ese mismo momento será su lugar de vacaciones. La noche siguiente sale con sus amigos para celebrar su cumpleaños y se repite la misma historia, con una única diferencia: donde está ahora es donde ha estado siempre.
Pasan dos días más sin que ocurra nada especial y entonces sale de su casa, esta vez sola, se sube a un autobús que la llevará a otra estación, en la que un asiento la está esperando para viajar de nuevo otras tantas horas. Llega por la noche, se baja y emprende camino hacia su residencia. Tiene hambre y está nerviosa. Allí le dicen que no dan cena, ya que es domingo. Sale en busca de comida y no logra reconocer ni una de las calles por las que pasa, todo porque el día de su cumpleaños estaba borracha. Se pierde y al cabo de un tiempo vuelve a encontrarse.
Está en su habitación, es pequeña pero tiene baño y su ventana enfoca hacia otro edificio en el que puede observar a una señora que no está en sus cabales, a un nudista y a un cultivador de marihuana. Todo es muy entretenido... Se duerme. Amanece y sale a pasear por la ciudad, es bonita, como alguien le dijo una vez "parece un bomboncito envuelto por un gran lazo rojo", hay grandes casas y casas grandes, playas y montañas, bares... pero ella sigue estando sola. Así pasa tres días con sus noches, quizá más, pero eso no importa.
A diario habla con su madre, con su padre, su hermana parece haberse olvidado de ella, aunque sabe que no, y a todos miente, dice que se encuentra bien, que está agusto, pero no, pese a que los días son alegres, hace sol, la gente es feliz, o lo parece, ella hubiera preferido estar en su verdadera casa, donde llueve continuamente o casi, pero donde está tranquila.

Texto agregado el 23-10-2006, y leído por 47 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2006-11-01 14:19:34 creo que esa noche la tercera persona de tu cuento se convirtió en una mujer adulta. un diez. potzoki
2006-10-24 18:44:26 Igual que, como tu dices hay grandes casas y casas grandes, hay grandes soledades y soledades grandes, y esta historia habla de ambas, según creo. Escribes muy bien.+++++ crazymouse
2006-10-23 16:38:13 Hogar , dulce hogar...Me gustó este cuento por su ritmo y suavidad expresiva...Felicitaciones !!! Cinco estrellas***** duqueuviedo
2006-10-23 15:40:46 Un relato de estilo onírico, en el que sentí como cuando uno sueña que está uno ahí, y a la misma vez no lo está. Llegas a que el lector sienta la soledad del personaje a pesar del 'todo' que la rodea. galabriela
 
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