No sé si llamarte,
si buscar tu voz
del otro lado de la línea,
con una llamada anónima,
desde el teléfono público
frente a tu casa,
justo por debajo de tu ventana
para ver tu sombra en la cortina,
para perder el juicio tres segundos,
para calentar mi noche triste,
para olvidar que me olvidaste,
para despertar a ese hombre de tu cama,
para seguir mi mentira permanente,
para continuar mi obsesión decadente,
para darte las buenas noches,
aunque no me escuches,
aunque no me encuentres,
para decirte que te amo
antes de que cuelgues.
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