Irrevocable ¿?
Huele a adiós viejo
que lento se ha cocinado
sin que ni tú ni yo
nos diéramos cuenta.
Huele a llanto oculto
y a polvo almacenado
entre boletos inservibles
de visitas al cine,
huele a chocolate
que se quedó esperando
a ser compartido
en una noche que no llega
y que amenaza en no venir.
Huele a miedo, huele a duda,
huele a tristeza solitaria,
huele a último suspiro,
huele a suicidas corazones,
huele a sangre negra y seca
de sueños que murieron
en manos homicidas
que los despedazaron
—insomnes, ciegas, muertas—
Huele a madera,
huele a tierra mojada,
huele a cadáver putrefacto
de manos atadas,
huele a pupilas dilatadas
y lágrimas secas,
a maquillaje fallido,
huele a manos arañadas,
a nudillos heridos.
Huele a rosas moradas, marchitas,
y a poesías muertas —neonatas —,
a silencios que no acaban,
a indiferentes miradas,
huele a tumba olvidada
de amantes locos
de entrega derrochada
—y una injusta arpía que mata—
huele a palomitas de maíz
y a inviernos fríos,
a veranos infructuosos
y a vientos que calcinan.
Huele a mares nunca vistos,
a oníricas agonías,
a etéreos asesinatos.
Huele a despedida inminente,
que no es menos que pestilencia,
hoy decido dejar de sentirla,
hoy mis pulmones ya no respiran…
Hoy todo se muere
si algo se mata…
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