LA HE VISTO
Fueron sólo pocos días.
Por primera vez
se mostró a mis ojos.
Estar con ella fue
delicia natural.
Como si no la hubiese
esperado la vida entera,
una vida entera casi
confundiéndola con –él-
o el espejo
de su fuego en cada zarza.
Tanto tardó la venda
en deslizarse.
Casi fue un milagro
sobrevivir
a la caída al gran vacío.
Esfuerzo máximo.
Mucho más tarde,
más allá y más tarde
la paz.
Todo en su sitio y en olvido.
Después, un día
llegó ella.
Llegó tan natural,
llegó como si nada,
sus codos calmos,
sin más
sobre una mesa
y en descanso.
Me miraba su sonrisa
confiada y a los ojos,
aún fuera y ya dentro
de algún lugar de mí.
Se sabía y me supe en casa
donde aunque invisible
siempre estuvo
y ahora me sé.
¿Mi otro yo?, ¿ella?
¿mi oculta mitad?
No la he vuelto a ver.
Ahora
de algún modo
nos sabemos dentro.
Mucho se han calmado los días
y deseo verte, sentirte
a mi lado y conmigo
sin descanso.
Sé que todo
será a su tiempo,
restan muchas escenas
por venir.
Más y más camino juntas
en veredas
de por siempre de la mano.
Angeles Yagüe
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