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Uno siempre tropieza dos o más veces con ellas, porque en la vida nunca hay un “nunca más” y menos tratándose de ellas. Hablo en plural porque ellas son “todas ellas” retratar a una, es retratar a todas. Sin duda, la primera que conocí fue igual a la segunda, y la tercera tan igual a la trigésima sexta amante que tuve. El problema de la economía es proporcional al crecimiento demográfico de ellas y la reactivación con el reajuste salarial es un problema estructural de la inversión doméstica en el lápiz labial. Si la economía determina la política, debiera ser ésta entonces, la que resuelva la gran pregunta de por qué son todos ellas iguales. Por tanto, encuentro una paradoja que la Constitución Política preceptué que todos somos iguales, pues ellas siempre han sido iguales; iguales a esa bestia que indican las sagradas escrituras en el Génesis 3:13.
Así que me decidí a expresarle mis observaciones al Presidente de la República. Pero, estoy seguro que su señora le ha escondido las infinitas cartas que le he enviado. También escribí a los Senadores, al Presidente del Alto Tribunal, pero parece que ellas tienen mucho poder en este país, así que mejor le escribí al Santo Padre para que me diera alguna respuesta y como no tuve respuesta intente con el presidente de los EE.UU. Un día al salir de mi trabajo me detuvieron dos policías mujeres, que extrañamente vestían pantalones para que yo no me diera cuenta de quienes se trataban. Me llevaron a un calabozo oscuro y me preguntaron por ellas durante cuarenta días y cuarenta noches. Como me negué a hablar, me presentaron ante un señor juez, que en una breve audiencia, me preguntó lo mismo y determinó que era un peligro para la sociedad. Creo que le molestó que antes haya recurrido al Alto Tribunal y no haber escrito primero a él. No me importó que me haya condenado a cuarenta años efectivos de prisión, pues me consolaba de sobremanera estar por fin alejado de todas ellas. Los primeros años, una vez al mes, entraban tres encapuchados a mi celda y con unos bates de madera recubiertos con goma de caucho me daban en la cabeza y me preguntaban por ellas. Yo creo que se encapuchaban para que no me diera cuenta que eran ellas. Un día, me visitó un amable doctor, había leído mi carta y venia de parte del presidente de los EE.UU. No tuve que esforzarme en explicar mi situación y de los peligros que corría. Me trajo a esta casa donde tengo más libertad, comodidad, y quizás el jardín y el aroma de las flores me han dado suficiente tranquilidad para pensar en mis ideas y por que no, rectificarlas.
Y respondiendo a su pregunta inicial señora doctora, sobre el nombre de ella, con mucha honestidad y quizás lamentando decepcionarla le diré que no lo recuerdo. Eso sí, de algo estoy seguro y sin pretender ofenderla ni incomodarla le diría que es muy parecida, casi igual, sino idéntica a usted.

Texto agregado el 07-11-2006, y leído por 45 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2006-12-07 12:46:55 esto está perfecto niño, de lo mejor que he leido ultimamente, me gustan los relatos en primera persona, rápidos y frescos. burbuja
2006-11-08 07:25:45 Muy bueno, fluye como un río rápido . Ninive
2006-11-07 22:18:07 No me atrevo a decir que me gustó por miedo a que ninguna me vuelva a leer, pero se me caen las *s. Quizá algunas cosas que mejorar en la forma, pero muy entretenido. Felicitaciones Otro_Jota
 
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