Encendido estaba el cigarrillo en la boca, los labios secos van de mal en peor, ya la cerveza agotada está, así que se para de su lecho de muerte, se viste de negro para salir a la calle, desierta y fría a las tres de la mañana. Cuando se acerca al mini market encuentra la sal de su ira, se enciende la luz roja en el pecho casi desnudo, los ojos llenos de lágrimas inspiran ternura más que horror. Otra noche más de levantar esa mujer del concreto, semidesnuda, atravesada de cocaína, tequila del barato, y aroma de cigarrillo aplastado por la suela del zapato. Amor mundano que se escribe con sangre, dibuja en las resma limpia del papel electrónico, se vuelve a la cama, allá esta ella, pidiéndole a gritos una bebida de agrio sabor, para quitarse el olor a espanto que ha cogido de tanto vagar por las calles de Cali. Es cierto, escribe sin demora, esta ciudad trae al mundo mujeres malditas como hermosas. |