El mundo entero está dentro de mí, envuelto en venas, arterias y tendones. Se encuentran dando vueltas entre mis tripas constelaciones enteras de increíbles colores. En mis riñones duerme una luna que da luz azul, arriba un poco hacia la izquierda hay una cálida espiral roja, que maternalmente acoge en su seno a cuantas pequeñas estrellas quieren acercarse, un tiempo después las lanza con fuerza a zonas remotas e ignotas, como mi pequeño dedo gordo del pie. Así mientras van bajando, descubren territorios que jamás se han explorado, quien sabe si quizá haya un sol naciente a la altura de mi rodilla, o un agujero negro en la zona de mi ombligo.Tal vez el origen de los agujeros negros sea la injusticia, estaban anteriormente unidos a otra entraña que les hacía llegar oxígeno azulado y otros relucientes nutrientes, y ellos a su vez le devolvían una masa de enanas blancas calientes y otro par de pálidos planetas, todos ellos nacientes, cuando de repente un hombre cortó el vínculo. Tal vez por eso absorban toda la materia del mundo, quizá sólo busquen el resto de entraña perdido, y en lugar de admirarnos por la incansable búsqueda que realizan, noche y día, los consideramos egoístas devoradores de materia. Así, como si ni siquiera tuvieran paladar y simplemente engulleran nebulosas como quien engulle engrudo.Ésta pudiera ser una explicación más femenina del inicio/fin del mundo, que a poco que veamos la historia podremos comprobar que son la misma cosa, el inicio de algo nuevo supone la muerte de algo anterior y viceversa. En esta cosmología de domingo, cambiaremos la perfidia de Eva y su apetito desmesurado por las manzanas, por un hombre inconsciente que con unas tijeras seccionó limpiamente, el "gran vínculo" (que no hay un big bang? pues hay un gran vínculo también, por magnificar que no quede). Así y por una vez, no tendría Eva la culpa de los males de la tierra, por su perfidia, coquetería y capacidad para convencer al descerebrado Adán de que probase la fruta, inútil esfuerzo repetido por todas las mujeres de la tierra que a través de los siglos se extiende ya, a la fruta, la verdura y el pescado, con escaso resultado.
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