Llegó al anocher a la choza que servía como comedor. -Que vas a querer Felipe, dijo ella distraidamente..
.Huevos, respondió Felipe mientras caminaba hacia la hamaca tendida en la esquina del rancho. La noche se habia encampotado y amenazaba con la misma lluvia de los días anteriores. Los grillos se habían silenciado y el ladrar de los perros escuálidos del vecindario predestinaban inundaciones brutales.
.-Acuerdate que comiste huevos ayer, el dia antes de ayer, el sábado y el viernes, no quieres mejor unos chorizos que compré esta mañana.- refunfuño Ramona.- -Por favor no discutamos otra vez, si deseas cocina los chorizos tambien , pero ademàs quiero huevos .- Respondió ahora Felipe con mas autoridad.- Ramona no respondió en esta oportunidad ,se dirigió al pollo para prepara los huevos que Felipe le había pedido. Sacó tambien los chorizos que tenía dentro de una nevera destartalada que su abuela le había regalado para sus quince años. Cuidadosamente reanimó el fuego de los leños de la cocina, mientras dejaba el sartèn reposar directamente encima de las brasas. Puso a freir un poco de manteca de cerdo, tomate y cebolla picada y luego dejó caer los chorizos y cuatro huevos frescos del día dentro del recipiente negro. Instantanemente el olor de esa combinación inundó la choza y salió por la puerta para atravesar el maizal y llegar a toda la comarca. Los loros de las casas, y los perros vagabundos iniciaron un bullicio espectacular y los vecinos se pusieron intranquilos. Pero el olor era irresistible y no soportando más dentro de todoa las chozas de la comarca se preparaban huevos tambien.
Felipe sabía muy bien que no había en la comarca, mejor vianda que los huevos para la cena y con esto creyó haber hecho justicia.
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