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Viajaba en un auto. Era de noche. Las calles estaban llenas de autos. Las luces de los faroles eran velas dentro de una torta de concreto. Todo estaba mal, incluso su alma. Continuó manejando hasta llegar a una pista en donde no había autos. El silencio se hizo escuchar y el auto se detuvo. Las calles estaban desiertas, ni un gato, nada. Silencio. Apagó el auto, abrió la puerta, sintió miedo, no apagó las luces del auto. Bajó y se puso a mirar las calles. Se sintió como encontrado por algo, observado como un ratón dentro de una caja. Miró hacia el cielo. No había nada ni una estrella. De pronto un grito fugas encendió todo el lugar. Las luces de las casas se encendieron. La gente sacó sus cabezas. El murmullo del gentío apabulló su atención y no pudo observar que una mujer desnuda, ensangrentada en su pecho se acercaba hacia el auto. Trató de socorrerla pero cuando estuvo algo cerca se dio cuenta que estaba sin ojos, y de sus concavidades brotaba sangre. La mujer continuó caminado y gritando de dolor mientras toda la gente continuaba murmurando. La mujer se perdió en una de las esquinas de la ciudad y todo el ruido empezó a apagarse. Las luces del vecindario empezaron apagarse. El silencio volvió y nuestro amigo quedó solo, a dos pasos de su auto con las luces encendidas. Subió, encendió el motor y continuó su marcha.

Llegó a un hotel, aun estaba de noche. Salió del auto y entró al hotel. Un anciano le atendió. Le entregó las llaves al joven y este miró el número. Era el cinco. Entró al cuarto, se desnudó y se dio un baño. Mientras se duchaba recordó a la mujer desnuda, ciega y ensangrentada. La quiso sentir. El agua corría sobre su cuerpo y con sus manos se lo frotaba, y mientras lo hacía, alucinaba a la mujer. Tuvo una erección. Cortó el agua, se secó y se fue a la cama a dormir. De pronto volvió a escuchar los gritos de la mujer. Salió de la cama y fue hacia la ventana. Miró a través de esta y la volvió a ver. Aun corría desnuda. Me gusta, se dijo. Todo estaba oscuro. Había pocas casas. Pensó en salir. Se puso una sábana y salió del cuarto del hotel tras la chica. La alcanzó. La cogió en sus brazos en plena oscuridad y ella calló. Silencio total, tan solo los gemidos entre un hombre y una mujer haciendo el amor en una noche total...


San isidro, noviembre del 2006

Texto agregado el 22-11-2006, y leído por 153 visitantes. (1 voto)


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