Solemne, el cuerpo vacío sin alma descansa en su lecho de tierra. Arriba, donde estan los parientes, nadie grita, nadie llora, es el dolor más trágico que puede existir, cuando la procesión va por dentro los hilos de la mortaja aprietan más al muerto. Pensaba en ella, en sus labios tibios al amancer, en su aliento de princesa detenida en el tiempo. "Dios mío" susurró "Qué es este dolor de pecho, qué sangre en los pulmones de tanto gritarle en las mañanas para que venga a desayunar y ya no esta conmigo" Latió el corazón herido, la materia viscosa y muerta de sus venas se mecían con un soplo de vida miserable, no hay marcha atrás, el duelo apenas comienza. |