Una tibia y sucia llovizna le bañó la cara adormecida, levantó la mirada y aún no entendía que era lo que había pasado. Recordó un nombre guardado en su memoria, limpio, como un tesoro de amor inconcluso. Se llevó la mano a la frente, la herida de a poco dejaba de sangrar, asi que se sintió con fuerzas suficientes para pedir a señas otra cerveza, y sentarse en un rincón a pensar. La cerveza llegó, en efecto, pero quien la traía le hizo volver atrás en su presente, un viaje inesperado de lágrimas rodando, de adioses de dolor. "Es ella" se dijo, mientras tomaba el primer sorbo. Tembloroso encendió el cigarrillo, pidió ayuda para levantarse y lo logró,pese al tren de la ebriedad. Contrariado, caminó los doce pasos distantes que lo separban del bar. "Ahí está" señalando con un dedo al vacío. La herida en la frente volvió a sangrar, se vio envuelto en una riña de antaño, alguien lanzó la botella que lo hirió, gritaban todos "Dale a esa perra, mirá lo que te hizo" llevado por el alcohol alma le advirtió con cuidado: "Bienvenido al mundo del dolor" Así era. Había conocido el amor en brazos delicados y dulces, pero nada como ella. Cuando la vio besándose con otra, la infantil locura de un trío, idea divertida hasta entonces, le pareció asqueante. después vendría la pelea, la agonía simple de haberlo dado todo, de exponer su negro corazón a una mujer que encendía cuerpos errantes sin importar el sexo. |