Tengo ganas de tocarle,
de arrancar la piel con mis uñas,
de ahogarme en la satisfacción
que me provoca al hacerlo,
pero por otro lado, no quiero,
porque una vez que lo hago
no puedo parar,
y ese placer se vuelve doloroso,
insoportable, me desespera
pero lo seguiré haciendo hasta
no poder más, en contra de mi voluntad,
claro está.
Al terminar, mi corazón se agita
un poco y mis ojos se cierran por
un momento, acompañados de un suspiro
que me evoca el tratar de relajarme,
olvidarlo y no dejar que la tentación
me obligue a hacerlo de nuevo,
una comezón que no me deja en paz.
Ese es el momento en el que pienso…
Debí cerrar la ventana al anochecer,
Pinches moscos!!!!! Jejeje
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