Otro monótono día pasaba por delante de sus ojos, desde su posición podía verlo todo, pero no disfrutarlo...
Hacía un par de meses que estaba en ese estado y además la rabia, la impotencia de no poder hayar nada nuevo cada mañana, le instigaba a pensar y a decir cosas que, por norma general, se diría que sólo la mente de un loco lo haría. Él lo sabía y cuando alguien dejaba entrever ese comentario, disfrutaba replicando que nadie sabe dónde está el límite, la delgada línea que separa lo lógico de la locura.
Las 24 horas del día se juntaban a las siguientes 24 sin que notara ningún cambio en su vida, en su cuerpo en el ambiente...bueno sí, en algún momento llegaba a percibir el instante justo en el que el día se juntaba con la noche, pero nunca llegaba a diferenciar si se trataba del alba o del ocaso.
Siempre, o casi siempre, se encontraba solo, por eso cuando rara vez recibía una visita, o lo más común, el médico para hacerle la revisión, de su garganta no se llegaba a escuchar ningún sonido, o por el contrario, su voz sonaba ronca, tan ronca que parecía de ultratumba.
Pocas veces pensaba en cuánto tiempo le quedaría por estar allí, ya que, en el momento que pisara la calle sabía que tendría que olvidarse de la cama, el baño, la comida caliente, las pocas palabras de amabilidad que de vez en cuando recibía... para volver a la pobreza, una triste realidad en la que sólo se puede soñar, mientras recuestas la cabeza en una fría pared, sobre unas pocas cajas de cartón, con poca comida (o sin ella) y escuchando las risas, los insultos y las miradas de asco y miedo que lanzan algunas personas, cuando no son capaces de imaginarse a ellos mismos en esa situación, puesto que el dinero los resguarda en su riquísima casita de chocolate.
Por eso dedicaba su tiempo, el eterno tiempo libre que no podía aprovechar en otra cosa, en pensar en su hija... Hacía años que no la veía, desde que recién nacida su madre había conseguido la tutela y se la había llevado a algún país exótico, al que él no podía permitirse el lujo de ir.
No sabía como se llamaba, ni siquiera la edad exacta que podría tener, pero de lo que estaba seguro era que no quería morir sin antes verla, regalarle un beso, decirle un hermoso \"te quiero hija\" y descansar en paz.
Se imaginaba que sería una niña rubia, con cara de ángel y sonrisa...-¡qué decir de la sonrisa!- seguro que era como la de su madre, deslumbrante y aterradora al mismo tiempo.
Los días pasaban, y la obsesión por conocer a su hija le hacía delirar, incluso por las noches hablaba en sueños, imaginando un entrañable encuentro.
Las veces que la llamó, que gritó y dilató sus pupilas en busca de una imagen que no conocía fueron incontables. Llegó a contarle cuentos, a recitarle poemas y a besar la almohada como si la esencia de la muchacha estuviera allí, en el sepulcral silencio que reinaba en la habitación... Recordaba los buenos momentos pasados con su ex-mujer, el día que se conocieron y hasta la noche en que sellaron su amor en forma de bebé. Siempre se acordaba de ésto, y lloraba en silencio y gemía en alto, por lo desgraciado que desde ese instante había sido.
Transcurrían los meses, y cada vez eran más frecuentes las visitas de sus médicos, las entradas y salidas de las enfermeras a su habitación, y es que, su cuerpo no aguantaba más, 45 años de contínuo sufrimiento estaban pasando la factura, pero su mente y su corazón luchaban por seguir vivos.
Era un terrible 2 contra 1.
Poco a poco fue sintiéndose más débil, más y más débil, ya ni el empeño, ni la alegría, ni las esperanzas de ver a su querida niña lo ayudaban a seguir. Todo en él había desaparecido.
Una mañana, después de una intranquila noche, acompañado únicamente por los recuerdos, su cuerpo, su mente y su corazón se unieron para dirigirse a un mismo camino. Esa mañana, murió.
Más tarde, después de que el cura le diera la extremaución y mientras colocaban el cuerpo dentro de una humilde caja de pino, para dirigirse al cementerio, una hermosa jovencita, con una sonrisa preciosa, asomó la cabeza por la puerta y dijo:
-…¿papá?
-Lo siento linda –contestó uno de los hombres- creo que te has equivocado, éste sólo era un sucio y loco vagabundo que acaba de morir…
“Quizás sólo seas una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo”
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