Hace un tiempo deshacía mi risa en llanto, corrían inexorablemente las gotas de dolor por mi cuerpo, toda yo era pena. Quise morir, quise rendirme. Viví tiempos olvidados, momentos de caminar y comer porque sí. Caí en pozos sin fondo donde gritaba la impotencia del perder sin retorno. Me hice daño y a los que me rodean.
Hoy me descubro con una risa que no tuve, caminando descalza. Existe un abismo entre aquellos días y estos amaneceres, a pesar que el sol ilumina cada mañana de la misma manera y la noche me acoge en estas líneas de igual forma soy otra persona.
El dolor sirve para reconocer la felicidad, que a pesar que es intangible, talla en el alma surcos firmes e imborrables y me deja esta sonrisa que florece en la tuya, que nace desde tu interior devolviéndome con creces la cura de mis penas. |