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Inicio / Cuenteros Locales / galadrielle / Rosaura

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ROSAURA


Eran las seis de la tarde de un día frío de diciembre y Rosaura regresaba a su casa después de un día de trabajo en la maquila. Había pasado a comprar algunos regalos, pues la Navidad estaba muy cerca, y caminaba con cierta dificultad, cargando los paquetes. Le dolían los pies, le dolía la cintura, se había torcido la muñeca al abofetear a un mequetrefe que pretendió tocarle el trasero cuando venía en el bus, y como si fuera poco, empezaba a insinuársele un dolor de cabeza. A pesar de todo, sonreía, pues la vida se le iba mejorando poco a poco. En la maquila le pagaban muy bien. Estaban en pláticas de matrimonio con Juan, el hombre con quien llevaba ya casi un año viviendo y al que parecía que sus hijos finalmente habían aceptado. Pensaban ir a la pequeña iglesia del padre Manolo en enero y pedirle que los casara el día quince, que era el aniversario de cuando habían hecho el amor por la primera vez. Después de tantos años de escasez y tristeza, Rosaura pensaba que por fin le había llegado algo bueno.
Juan era guapo, fuerte y divertido. Tenía su misma edad, cuarenta y cinco años y la hacía feliz en la cama y fuera de ella.
Apresuró el paso para llegar a la casa antes que él y recibirlo con la cena lista, las tortillas calientes, el café preparado. Al abrir la puerta, lo primero que oyó fue una serie de gruñidos, como de animal. Por una fracción de segundo pensó que el Terry, su perro negro, estaba destrozando algo, pero estaba oscuro y ella no pudo distinguir nada.
Pero pronto vió a Teresa, su niña de diecisiete años, tirada en el suelo, la ropa rasgada, el pelo alborotado, la boca abierta como en grito silencioso, la cara mojada de lágrimas, de saliva, las manos crispadas en forma de garra, las piernas lanzando patadas al aire, y encima de ella, Juan, su Juan. El era el que gruñía como perro, como cerdo, como bestia. “Hijo de puta” pensó Rosaura. Y en algún lugar remoto de su mente dijo adiós a los tamales de Navidad, adiós al casamiento que iban a tener en enero, adiós a lo bueno que creyó que había llegado a su vida, mientras soltaba los paquetes que llevaba y agarraba el machete que mantenía siempre detrás de la puerta.







Texto agregado el 01-12-2006, y leído por 33 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2008-01-20 19:11:16 Relato tan realista que aún me dura la indignación,5* cerrense
2007-08-04 00:53:10 De verdad muy lógicos todos los acontecimientos. Los hombres son perros, y a cuando violana a una niña son cerdos. Y de hecho, la única solución proviene de ese machete que desde ahora voy a tener siempre detrás de la puerta de mi cuarto. a_divinis
2007-03-25 23:29:19 Diablos. La vida misma, y las opciones correctas. hay quienes olvidan su deber por mantener a la pareja. NeweN
2006-12-05 21:05:12 me gustó tu cuento a pesar de lo desgarrador y dramático. logras imprimir a tu narración un realismo que en verdad aterra. felicidades y un saludo cordial marxtuein
2006-12-05 08:34:21 Tremendo, no digo más. margarit a-zamudio
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