El vidrio cae y se profundiza en mi piel marchita y desgastada, carcomida y encadenada a su endemoniada turbación, mientras un raído pozo consume el eco de la piedra que nunca cayó.
Me dediqué a asesinar la vida, até mis propias manos y me aprisioné para hacer del sufrimiento mi dueño.
¡Esclava! Le ordené a la muerte proferirme.
Y de ese modo, encadenada al dolor, soñé el sentir.
Y deseé besar sus labios para fundirme en vida, mas el filo de mis torturados colmillos le penetraron y sucumbieron en el adolecido elixir de mi traición.
Jamás pensó que sus afiladas palabras acabarían finalmente mi existir.
Nunca creyó que al fenecerme expiraba ella también.
De mi mortificada y socavada boca no volverá a surgir una palabra de afecto.
Y en mi cuerpo tendido y ultrajado la felonía de su sangre brotará.
Me ha hecho entender lo que soy, un maldito vampiro, un monstruo de sangre que intentó ser ángel. Que siendo su devoto creyó en sus palabras y con falsa esperanza se elevó, mas al emprender su vuelo se notó sin alas y cayó.
¿Por qué me dio vida si hoy me la quitó?
¿Por qué me dio alas si las arrebató?
¿Por qué tendió sus manos si nunca me abrazó?
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