La suave cadencia del viento se entremezcla con mi resignada respiración, he aquí la fusión perfecta que complementa mi abandono: no se percibe sonido más hermoso que el expectante silencio zambullido en la ráfaga de la noche sepulcral.
Belleza es el latido distante, entrecortado, sobrecogido en mi marchito pecho, sepultado entre capas de piel, carne y sangre; yace aquel órgano destrozado que late sin perdón.
Siento el hedor de un cuerpo en putrefacción, la carne enmohecida clama a los gusanos devorarle, y su fetidez se regocija paseándose y acariciando mis narices.
Oh, pero el viento vuelve y lleva aquel aroma lejos de mí, lejos de mi cuerpo y del razonamiento inocuo de mi mente, comienza palpar y recorrer mi húmedo cuerpo ¿húmedo de qué? El silencio se hace eterno, hasta enloquecerme, hasta exasperarme. Aún cada parte de mi cuerpo responde mas siento como el licor en mis venas actúa cual veneno sedante, ardiente juega, destroza y despedaza la piel, como aspirando salir, como deseando atravesarla completamente.
De pronto percibo mis vidriosos ojos, deben de haber llorado no hace mucho, seguramente por horas pues se me hace un gran esfuerzo enfocar cada detalle.
Al posar la mirada en mis manos lo comprendo, ahora entiendo la humedad de mi cuerpo, todas mis prendas están bañadas de purpúreo y carmesí, en sangre. Bajo mis pies se siente la tierra removida, como si alguien recientemente hubiese cavado un agujero… o una cárcava, aquel pensamiento se hunde en mi mente: sangre, tierra, olor a putrefacción, cada palabra pasa por mi cerebro fugazmente y mis manos instintivamente comienzan a cavar sintiendo el roce de la fría tierra.
Putrefacción, hedor, pudrimiento… olores que se mezclan y encarcelan mi mente, los latidos de mi corazón cada vez aumentan más, se multiplican, se eternizan, se combinan, se sobreponen. Mi cabeza va a estallar.
Algo palpan mis manos…
Un cadáver.
Un alarido ensordecedor atraviesa el aire, traspasa y despedaza cada átomo que le compone. Es mi grito.
Las ideas se atan en mi mente como cadenas.
El lobo ha atacado de nuevo, maldita condena que llevo dentro.
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