Vilos esparciendo luz divina con su mágico fulgor.
Luces de infinitas seducciones, luces cándidas de amor;
ojos cuyo brillo es el conjuro del poeta soñador;
ojos hechiceros de sibila con aspecto pecador.
Vilos dibujados en la sombra de mi estancia en la penumbra,
vilos destellando iniquidades, consumidos de ansiedad.
Ojos misteriosos y felinos, esplendor que me deslumbra;
ojos que prometen con su brillo la mas dulce eternidad.
Eran cual los astros que obsesionan: imposibles de alcanzar.
Eran como gotas de deseo, como abismos sin final;
eran dos diamantes, dos luceros o el producto del soñar,
eran dos hermosos ojos negros que jamas podre olvidar.
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