Está noche amor, esperaré a que vuelvas.
Sentada sobre las sábanas carmesíes y envuelta en tus caricias, casi siendo el retrato de tus huellas.
Allí, tan quieta como el silencio de tus labios, tan extraña como una luna destrozada, tan humana como el deseo de tus entrañas, esperaré.
No hay prisa, el cielo avanza y las estrellas consumen y cubren la inmensidad. Lo negro tiñe nuestros ojos mientras se esfuman las miradas que alguna vez regocijaron mi corazón.
Pero no temas;
que esta noche el reloj dará la hora de amarte; y volverás.
Te sentarás sobre mi alma y cantarás, el deleite de la voz cuando atraviesa un mar de confusión, cuando se pierde en el abismo y regresa, y me clama salvación.
Abrigaré tu cuerpo con miradas como aquel espacio entre el universo y nuestro amor, como el fuego entrañable, la llama encendida en mi interior.
Está noche amor; esperaré.
Está noche amor; el reloj dará el breve instante
en que un sentimiento volverá a nacer.
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