Cada vez que mi alma abandona mi cuerpo, suelo viajar a un lugar, habitado por niños que juegan sin parar, una voz hace eco en el cielo y en la tierra, sin rostro visible, sin un cuerpo firme.
Juegan los niños gozan sin parar, hacen una rueda en aquella espiral. Una gran torre de grueso marfil cuya punta no tiene fin, en el centro se encuentra... ¡Quiero subir!
Otra voz me llama, “Despierta Ya”. Regreso de nuevo, cruzando ese puente. Un río enorme, luces de ciudad. Quedando por duda la torre y la espiral.
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