La errante ruina del ronco remito, rasuró rara vez el rostro humano.
¡Oh caída de pelo incesante! ¡Flacida carne que espera con ansias el acogotamiento fructifero!
La prominencia de esa barriga, incita a conocerte más, pequeño Barry.
White de gaitas y tambores pedorrianos ¡Como disfruto cada vez que cantas!
¿Acaso tus ojos estan lagrimeando inteligencias? ¡No! son solo migas de pan y palabras sin estridencias
Caminas bajo un sol verde como esa cera de oído que tanto te gusta comer por las mañanas
Derrochas Carne y gargajos, en pos de lograr esa tan preciada falta de deseos.
¿Busco la inconciencia? No, jamás osaría penetrar en esa circunstancia.
Pero la conciencia de estar tan subordinado al pensamiento material, atrae a este comensal,
ante la mesa servida de moscas y panchos.
Evidentemente, tu lúgubre cocina no es un recinto para hablar mientras fumamos paco. |