El viejo rebuscó en su bolsillo, sólo para darse cuenta del agujero.
El bolsillo izquierdo, pipa y tabaco.
En el derecho, los caramelos para los nietos, que uno a uno se derramaron como la nostalgia del desterrado tanto física como moralmente.
La botella era lo único que aseguraba con sus manos callosas y uñas negras de rebuscar en la basura.
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