La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - yajalon - 'El Gordo'


El Gordo

El gordo

Tiene el rostro rubicundo y brillante; los pómulos, el mentón y la papada todos ellos confundidos, sin saber a ciencia cierta a que sitio de la cara
corresponde cada uno; sin embargo, lo que más llama su atención es ver como se hunde la hamaca con su peso hasta casi rozar el suelo, y los
quejidos lastimeros de las cadenas que la sujetan
cuando acompasadamente se mece. Desde pequeño le dicen el gordo, y también desde
pequeño come como cerdo: mandarinas en diciembre y naranjas en enero, cacahuates y
nueces, mangos y muéganos, desde una piernita de pollo, hasta una entera de ternera con relleno, lo mismo da cuenta de un pastel de ciruelas pasas, que de “diez” taquitos de suadero o de los que hagan falta que para eso, el gordo siempre es el primero.

Cuando lo conoció, siempre lo llamaba por su nombre, -Alfredo-, no quería entrar en confianza con él, había digamos un poco de recelo, un rechazo escondido, sin embargo poco a poco el gordo se hizo su amigo; ella era guapa, se mantenía esbelta y delgada, el cabello suelto y la mirada siempre festiva prontita para el relajo; el gordo su eterno compañero; venia un novio y después de la temporada un poco de tristeza que se evaporaba en el calido clima de aquella tierra , cíclicas: la alegría y la nostalgia como cíclica era la vida en Altamira; tiempo de nortes que a ella siempre intrigaba; de repente el cielo pasaba de un sol abrasador a un viento suave que lentamente iba arreciando, --va entrar norte-- decía el gordo, ella invariablemente sonreía y dudaba, sin embargo 30 minutos después se desataba la tempestad.
Al principio pensaba que el gordo era una especie de adivino, después ella misma presagiaba, y si entraba a la cocina y veía inquietas cucarachas desfilando de un lado para otro, sonreía y decía --ya viste las cucarachas, ya va a entrar el norte-- e invariablemente, entraba.
Después llegaban los calores y con ellos el verano, la playa y las cervezas, la lotería primero y el rummy después, las películas en la vídeo, un novio despidiéndose y el lastimero quejido de la hamaca hundiéndose por aquel extraño peso. Un novio tras
otro, una nostalgia y una melancolía y un rostro que a pesar de todo seguía viéndose hermoso y coqueto.

Son casi los 35 años, la figura sigue siendo esbelta, el cabello aun suelto, el gordo llega ahora en un vehículo todo-terreno nuevo, la playera ahora tiene marca y las botas altas de culebra y tacón mirando al centro. En su trabajo es el jefe principal, el
Ingeniero.
Aquí mientras se mece casi rozando el suelo a mucho orgullo sigue siendo el gordo.
Mari Carmen se le queda viendo y sabe que aunque sonríe, la mirada festiva se ha desvanecido; allí en la intimidad, subida en la misma hamaca casi rozando el suelo le ha vuelto a llamar
cariñosamente –Alfredo--, mientras escucha los quejidos lastimeros de las cadenas, extrañándose aun más de que resistan al gordo y a su peso
hasta hacia poco tiempo ajeno.


Texto de yajalon agregado el 06-02-2004.
La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net