.HOY.AYER.NUNCA.
Hoy, una vez más los amargos recuerdos de nuestro ayer rasgan mi alma negra.
Quiebran los débiles enlaces que la unen a mi cuerpo y como un niño por nacer, desea salir de este andante cuerpo que desesperadamente intenta con argumentos desarmados de realidades, por el contrario, valiéndose de ensueños, no dejarla huir.
Entiende este cuerpo insolente y guiado por instinto que no hay vida en uno si el alma por más ciega que sea, no acompaña en el transcurso a ese montón de materia orgánica en este mundo que creemos conocer.
Ayer, recuerdos borrosos de lo que añoro golpearon mi puerta y sin idas ni vueltas dejé pasarlos y abrumarme con ellos. Negras lágrimas marcaron mis mejillas, tejiendo su camino como quien desea decidir efervescentemente que rumbo tomar y escoge uno sin comprar.
Entonces sin más decir abarrotada mi mente de tus recuerdos, lloré y lloré hasta secarme por dentro, como se seca una hoja de árbol que fue cortada a fuerza y dejada un par de días al rayo del sol.
Tú nunca sabrás lo que yo por ti sufro. Y sufrí. Y tal vez siga sufriendo. Todo este mal nunca será de tu entendimiento, pues nunca me amaste. Más siquiera, nunca amaste a nadie. |