Se escuchaba el aullido de un perro
Sin embargo
Yo seguía bailando
Con una fina camisa blanca,
En la tibia embriaguez
De una madrugada de diciembre.
En la solitaria plaza
De un antiguo pueblo de los altos.
Los viejos hacia ya tiempo que remojaban
Sus dentaduras
En un vaso de agua calcárea de la llave.
Mientras los más mozos,
Se follaban a sus señoras
A oscuras,
Con una tupida manta,
Sudorosos
Como yonquis
Con el mono.
Yo seguía mi frenesí,
Escuchando
El Punk de Rancid.
A la vez que la lluvia empapaba
El radio-cassete.
Con la mirada atónita
Desde el cuartelillo
Me observaban junto
Al hijo del alcalde.
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