Bautizaste mi latido suave monzón,
tierno beso, céfiro de amor para tus alas,
estrella de luz en tu pecho...
Paso entre montañas. Yo te bauticé
balcón de nuestras almas, ya puente
para siempre entre los dos
bebiendo en nuestras bocas. Beso largo
de cosecha ancha, inacabable,
que no se extingue amor mío, que ahora corre
de la ventana de tu casa no sé donde,
a la mía o a mi orilla que a veces cree intuirte,
por este canal constante de memoria y de latido,
de líneas paralelas en trazo al infinito
y entre andenes de corazón a corazón.
Angeles Yagüe
|