CINCO DE LA MANO
Desperté sudando frío. El terror puso alas a mis sueños y me fue imposible quedar dormido de nuevo. Los cinco venían tomados de la mano, marchando con paso de ganso y una sonrisa de Machiavello que adornaba, con sarcasmo, sus agrietadas caras. A ambos lados del camino, cientos de calaveras castañeaban sus dientes en un rictus de agonía, intentando gritar de miedo. Sus órbitas, otrora repletas de ojos, proyectaban sus sombras cual si miraran a un infinito interminable.
Hitler, Franco, Pinochet, Ríos Mont y Bush simplemente se pararon frente a mí y entonaron, con el fondo musical de la novena de Beethoven, la canción del Terror que compusiera, cientos años atrás, el incombustible Nerón mientras ardían Rómulo y Remo en la oscura Roma de antaño.
Después intentaron sonreir de nuevo y se perdieron en el fondo del averno.
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