Tras el cristal, alguien respira versos hermosos.
Caen en gotas finas y brillantes pequeños diamantes recién tallados.
Empapan la tierra, mojan las raíces. Llenan los pantanos y acarician las piedras.
Como la lluvia, también yo he vuelto. Aunque hay lugares en los que permanezco prisionera.
Un velo suave de húmeda nostalgia se posa cálido sobre el cristal.
Tal vez por eso no hay nadie tras la ventana, mirándome y repitiendo:
Milagro. |