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Inicio / Cuenteros Locales / kikoyu / Triste Navidad

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A pesar de lo que muchos creen, no en todos los lugares del mundo, para navidad, nieva a grandes escalas como en Norteamérica. De hecho, creo que ése es otro de las tantas premisas que ellos depositan por estas fechas en el mundo; pero en fin, no es ése el motivo de este relato.
Yo quería decir que aquella noche no nevaba. No llovía, no hacía frío, y mucho menos estábamos vestidos con bufandas y gorros.
Aquella noche nosotros llevábamos simplemente nuestros usados trajes de verano, y aún así, tan ligeramente vestidos, sentíamos calor. En mi ciudad las temperaturas son así: van y vienen como las olas del mar.
Aquella noche, recién habíamos terminado de jugar. Mis amigos habían sido llamado hacía poco para la Navidad en cada uno de sus hogares, para disfrutar de un delicioso pavo con ensaladas y bebidas, y yo debía esperar junto a uno de los pilares del puente, pues mi madre así me lo había pedido, a que llegara Papá Noel. Él es uno de mis ídolos: nadie sino él es capaz de regalarle a todos los niños, no importa qué mal se porten o qué bien lo hagan, algún obsequio, sin pedir nada, absolutamente nada a cambio. Porque muchos dirán que él pide que los niños se porten bien durante todo el año, pero eso es mentira. ¡Desde que tengo memoria me trae regalos, y yo no soy ningún santo!
Ésa noche mi madre me había pedido que lo esperara bajo el puente. Mis amigos se habían marchado, y en mi casa, la verdad, no quería estar. En mi casa no había pavo, no había ensalada, y mucho menos bebida.
Aquella noche dediqué todas mis energías a observar el cielo estrellado de verano. No sentía cansancio, no me sentía agotado luego de cinco horas de juegos continuos y vacaciones, y no podía dormir. Quizá fuera el frío, quizá fuera el calor. Lo cierto es que no podía dormir, y como no tenía nada mejor que hacer, me dediqué a mirar al cielo.
De pronto, observé una estrella fugaz.
-¡Feliz navidad! -gritó de pronto mi madre, llamándome con la mano.
Me dirigía hacia ella, veloz, y pronto me dio un enorme abrazo.
-¿Viste esa estrella? ¡Papá Noel te la ha regalado!
Yo la abracé con más fuerza tratando de comprender el significado de aquel regalo. Solté a mi madre, volví a colocarme bajo aquel pilar y me senté con la mirada pegada al cielo.
Aquella noche, mi mente se abrió y comprendí toda la verdad: la navidad no existía para mí, la Navidad no era más que un triste recuerdo de mis años de infancia. Sí, porque aquella noche yo crecí. Yo crecí, y comprendí que vivía en un puente, que mis regalos de los últimos siete años eran estrellas, y que en mi casa no había nada para comer...
-Feliz Navidad... -susurré, bajando la cabeza y colocándola sobre mis rodillas, para intentar dormir.

Texto agregado el 18-12-2006, y leído por 30 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2007-06-08 20:21:33 Realmente, para muchas personas la Navidad es solo un día como cualquiera, que no tiene nada de especial. Esa es la cruda realidad....:( Maxmiliam
2006-12-18 15:01:01 Vivimos en un mundo donde las realidades nos golpean cada segundo y lo que es alegría para unos es tristeza para otros, millones de hogares en este mundo no van a festejar este año la Navidad, pero creo que está en nosotros mismos hacer que la próxima sea festejada con amor y misericordia ...a pesar de todo. Felíz Navidad para tí. omenia
2006-12-18 00:41:30 que lindo, pero que triste...me dio mucha pena =(... estrellitas para ti... y feliz navidad! alondrat olondrada
2006-12-18 00:39:47 Tristemente hermoso..., no podia no decirlo. Au Revoir Ursulita
 
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